A veces soy pésimo para recordar nombres, por ejemplo en no-me-acuerdo-qué-semestre en la Universidad teníamos un muy buen profesor de Ecuaciones Diferenciales, recuerdo su cara, recuerdo sus clases pero no logro acordarme su nombre, talvez porque solo lo conocíamos como “El Horroroso”.
Así lo conocíamos y no porque haya sido feo o algo por el estilo sino porque su palabra favorita (por no decir la única) para referirse a alguna barrabasada matemática cometida por sus pupilos era “horroroso”. ¡Horroroso, horroroso! gritaba cuando en el pizarrón, cuaderno o examen se encontraba con algún número, procedimiento o razonamiento que se iba en contra de la lógica y de lo que pretendía enseñarnos.
Era un buen profesor, lo repito, es así que el apelativo de “El Horroroso” se lo decíamos en buena onda y hasta con cierto dejo de respeto, admiración y una pizca de cariño.
En mi grupo íntimo y cercano de amistades es muy común tratarnos con frases como “gordo marica” “qué fue cabrón” “habla, careverga” “enano bruto”, en fin como en todo grupo de amigos. Y estoy seguro que si alguien que habla así con sus panas seguirá tratándolos en la intimidad y familiaridad de esa manera aunque llegue a ser presidente.
Pero ahora sí, que todo un Señor Presidente de la República venga a decir que todos los que hacen prensa son unas bestias salvajes porque según él le llevan la contraria por las santas, o tratar de “gordita horrorosa” a alguien que no le ha dado la confianza para eso, con un afán claramente discriminatorio y de insulto, todo eso en un evento público; ya es otra cosa completamente diferente.
Y para colmo, si yo no estoy de acuerdo con lo que está haciendo “Su Majestad” Correa, si ya me empieza a virar el hígado, ni siquiera puedo decirle que no me gusta como está actuando, que se vaya a la casa de la Belga y hacerle dedo porque el riesgo de terminar en cana es grande. Considero que la posibilidad de decirle a alguien, quienquiera, que no me cae bien, que se vaya a la mierda y hacerle dedo porque me cae a la quinta arruga de la bola izquierda es un derecho de expresión y de libertad que supuestamente un régimen tolerante y democrático debería garantizarme. Puede ser ofensivo y podré quedar mal, sí, pero no estoy injuriando ni acusando de nada que no pueda comprobar a nadie, simplemente es una muestra de mi descontento e inconformidad que hasta es muchísimo más civilizada que salir a lanzar piedras contra propiedad pública (que a la final es nuestra, de todos), o peor aún privada, con mi rostro cubierto supuestamente con los mismos pretextos.
Yo voté por el Sr. Correa y hasta cometí la tontería de votar sí para la Asamblea Constituyente. Como muchos esperaba una pizca de sabiduría y alguito de liderazgo del bueno, pero cada vez todo lo que hace nuestro Presidente se aleja de las esperanzas que no pocos depositaron en él, con su voto.
Me han dicho gordito sabroso y hasta han considerado que soy una bestia insaciable. Pero si tratar de estar de acuerdo con la lógica y tratar de llevar al sentido común como bandera es ser una gordita horrorosa o una bestia salvaje, entonces qué carajos:
Yo también soy una bestia salvaje.
Porque la Patria ya es de todos… los lamebotas de Correa.

Iniciativa “yo también soy una bestia salvaje“






















Sin escatimar esfuerzos ni recursos se llevó a cabo una investigación de campo en la ciudad de Quito y el resultado de este profundo estudio y experiencia sera hecho público para toda la comunidad científica (y morbosa) este jueves 22 de marzo de 10 a 12 de la noche, en Radio 04.


INICIO
Blogroll
