Estoy escribiendo este post con algo de retraso, hace 4 días cumplimos con Joy, mi esposa, 5 años de casados.

Estamos saliendo de lo que posiblemente ha sido el año más duro de nuestro matrimonio hasta ahora, las cosas han sido duras pero lo bueno también se ha hecho presente y la vida nos ha regalado algunos guiños y una que otra sonrisa.

Nuestro hijo Joaquín nos vino a dar una vuelta completa a nuestras vidas, más que una vuelta completa nos lanzó contra las cuerdas, nos hizo una “doble Nelson”, luego nos dio una patada voladora, nos lanzó fuera del cuadrilátero y nos partió un par de sillas en la espalda… pero ya nos estamos recuperando, es más; ahora no solo que somos compañeros de lucha de Joaquín sino que vendríamos a ser como sus managers.

No importan los años que pasen ni la edad que tenga, cada vez que caigo en cuenta que soy un adulto con responsabilidades de “grande”,  con esposa, con hijo, con casa, con hipoteca, con servicios básicos a mi nombre, con declaraciones (atrasadas) al fisco, etc, cada vez me doy cuenta que no me siento ese “adulto responsable” y no sé si eso será bueno o malo. Posiblemente Joy y yo todavía no hemos acabado de formarnos ni de crecer y ya somos responsables de la formación y crecimiento de otro ser humano, es increíble.

Pero es más increíble como las sonrisas de nuestro hijo, sus travesuras, sus pequeños pero a la vez gigantes descubrimientos, sus intentos de nuevas palabras, su cariño puro, su inocencia, su vitalidad y su energía van más allá de cualquier dificultad que podamos tener y se vuelven en el combustible que nos permite seguir caminando y creciendo juntos, en familia.

Por cuestiones de (falta de) presupuesto no podemos contratar a alguien que nos ayude con las cosas de la casa o con el Joaquín y por ocupaciones, tiempo y distancias tampoco tenemos la suerte de tener mamás, suegras, hermanas o abuelas que puedan ayudarnos con la carga doméstica o de crianza y cuidado de nuestro hijo. Esto creo que es lo que nos ha complicado un poco, aunque también habría que sumarle todo el tiempo que tuve que dedicarle al trabajo el año pasado, tiempo que originalmente estaba destinado para mi familia, pero gracias a la tenacidad, paciencia, multitarea y capacidad de organización de mi esposa lo estamos logrando, gracias a ella nuestra casa es nuestro hogar, gracias a ella nuestra familia está empezando a sentar cimientos fuertes y raíces robustas.

Por eso quiero agradecerle a la Joy todo lo que ha hecho por nosotros, por su paciencia, por su cariño, por su fortaleza, por su liderazgo, por su amor.

Estamos retomando (lentamente) la vida para nosotros, como pareja y como individuos, retomar ese tiempo que es necesarios que tengamos, ese espacio individual y de “solo los dos” que también es importante. Han sido 5 años maravillosos, como la vida, llenos de alegrías y penas, de tranquilidad y de momentos difíciles, de paz y de desequilibrio, pero en cada uno de esos momentos siempre ha habido un factor común: el amor, ese amor que es el que permite que enfrentemos a la vida juntos.

Gracias Joy! te quiero, te quiero mucho.

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