Dos mil diez menos uno

A muy poco del 2010 y todavía no hay carros voladores que causen embotellamientos aéreos en las ciudades.

Estamos a un maldito paso de completar la primera década del jodedordemadres siglo XXI y ¿qué es lo que tenemos en la víspera del 2009?: reguetón (o como te de la gana de escribirlo porque si ni los que hacen esa “música” saben escribir o leer no importa cómo lo hagamos el resto de mortales), socialismo del siglo XXI; un gobierno que gasta millonadas en publicidad para mostrar su carita lavada con agua y con jabón, con jabón; una generación de copy pasteadores que creen que HI5 es todo para lo que sirve el internet; un Mtv que se olvidó que la M de su nombre significaba music; un mundo en el que el calentamiento global pasó de ser una preocupación a una plabra de moda; un montón de gente cuyas pocas neuronas están dedicadas a la avaricia y creen que meter plata en una pirámide es un trabajo; muerte, odio e intolerancia en la franja de Gaza; en fin, un combo completo para todos los gustos.

Parecería que no estamos en la antesala del segundo decenio del tercer milenio sino más bien en el corredor de entrada al infierno.

Y sí, las cosas están mal, pueden estar peor (y al paso que vamos van a estar peor) pero todavía nos queda la conformidad, esperanza (o conformismo) de que siempre ha sido así. Mi bisabuela sufría porque la generación de mi papá se iba a comer las camisas: “¿a qué tiempos hemos llegado? apenas 3 huevos por 1 sucre ¿qué va a pasar con estos guagüitos?”. Siempre hemos estado mal y siempre nos podrá ir peor.

Si la vida te da limones no aprendas a hacer limonada, recoge los limones, exprímelos, échate el zumo en los ojos, llora, maldice, lávate la cara, sácale la lengua y hazle dedo a la vida para luego seguir avanzando.

¡Feliz puto nuevo año!
¡Qué todos sus sueños (húmedos por lo menos) se hagan realidad!

Por un estado multiorgásmico y poligámico.
Hasta la Victoria’s Secret
¡Viva Suazilandia!