Y2K

Posiblemente el final inició cuando acababa el siglo XX y el trasero de Jennifer López estaba empezando a cobrar fama y reconocimiento, un reconocimiento bien merecido: ¿quién no iba a reconocer semejante pedazo de ñuta?; Britney Spears aparecía en la escena llegando a posicionarse como el sueño erótico de cuánto adolescente viera su video en el que salía de colegiala y ocupó posiblemente la mente de uno que otro pedófilo y de muchos otros que no necesariamente eran adolescentes o pedófilos, también sus afiches empezarían a poblar las paredes de algunos “clubes para caballeros”, compartiendo espacio con actrices del porno light ochentero o Natassia Kinski y su serpiente (un clásico);  Ricky Martin estaba viviendo la vida loca en toda maldita estación de radio popera y canal trucho de videos en UHF; la Shakira estaba en pleno apogeo sin tener que mover sus protuberantes y más hermosas -en aquel entonces- caderas; Christina Aguilera también hacía su aparición y pasaba de Mouseketeer a una post-adolescente aspirante a princesa del pop cuando la mayoría habría preferido que simplemente cambie sus orejas de Mickey Mouse por las de conejita Playboy, y en el medio de toda aquella contaminación “fashionista” y “light” yo, en la universidad, en la relativa y aparentemente grande ciudad capital, al igual que muchos provincianos, siendo testigo sin saberlo todavía en ese momento de la agonía de MTV como canal de música y esperanzado en que todavía había vuelta atrás cuando me topaba de vez en cuando con el video de “Secret Smile” de Semisonic o alguna hierba por el estilo.

Las obligaciones de estudiante universitario habían dejado una ventana disponible de día y medio aquel fin de semana. No sé cómo terminé bebiendo en aquel grupo y menos sé aún por qué había decidido vestirme completamente de negro en aquel, desde ya, extraño y poco común día.

El presupuesto de universitarios provincianos “clasemedieros” daba para lo básico, así que no había mayor abanico de opciones para escoger cuál sería nuestro veneno. Un trago fuerte y barato, acompañado posiblemente con alguna bebida gaseosa rebosante de gas, azúcar y colorante, haría pronto su efecto y yo terminaría ofreciendo comprarle el alma a quien estuviera dispuesto a vendérmela para luego terminar rodando en la vereda agarrándome a trompadas con uno de mis mejores amigos.

Apenas nos pudieron levantar del piso y separarnos, la pelea y la reunión borrachosa terminaron. Se dividió el grupo en dos: mi pana con los que eran su familia y sus amigos, y yo. Solo atiné a coger mi mochila y empezar mi torpe caminar a casa mientras los veía alejarse en un taxi, talvez a seguir la borrachera en otro lado y a comentar sobre mi extraño comportamiento.

No me dolía nada, tuve que esperar a pasar frente a una vitrina para darme cuenta que tenía sangre entre la nariz y el labio superior, sangre ya seca, no mucha pero escandalizadora al fin y al cabo. Al mismo tiempo que limpiaba la sangre de mi cara pensaba en las dos opciones que tenía en ese momento: largarme a la playa o a algún antro de tercera a vivir la vida loca o caer en mi cama y quedar atrapado entre sus cobijas como genio en una botella. Metiendo la mano al bolsillo bajé a la alcohólica realidad de ese instante y supe que con 2000 sucres sólo podía escoger la dos Polito, la dos.

Ya muy cerca de llegar a mi forzado destino se me apareció una tercera opción: hacer de pirata y abordar el “Kutty Sark”. El letrero grande y de mal gusto señalaba la localización de un salón de eventos con nombre de barco, la gente estaba llegando, al parecer el matrimonio, bautizo, fiesta quinceañera o aniversario todavía no había empezado. Luego de que toda la gente había entrado empecé mi acercamiento e inspección al navío con forma de salón de eventos. La fiesta era en el último piso, mientras escondía mi mochila un piso más abajo un grupo de mariachis subía. Alcancé a colarme y entré de último en la fila de los artistas como si fuera un mariachi más, pasé casi desapercibido, el traje negro ayudó en mi camuflaje.

Creo que se trataba de un matrimonio, habían “damas de honor” con vestidos brillantes y ridículos. No puse mucha atención a las graciosas vestimentas y procedí a inspeccionar la cantidad y calidad del material femenino allí presente. Encontré muchos prospectos razonables y aceptables, aunque en realidad debieron ser muchos menos si tomamos en cuenta la cantidad de embellecedor que recorría por mi torrente sanguíneo y seguía matando neuronas. Un par respondieron a mis nada disimulados coqueteos remotos, el abordaje empezaba a tener futuro y buena pinta.

El mariachi empezó su presentación, en ese momento algunos de los pseudo-mexicanos se preocuparon por mi presencia al ver que no me iba a sentar y seguía en su grupo. Esa preocupación se extendió a todos cuando empecé a cantar, con la voz más fuerte y desafinada posible, junto con el grupo.

El padrino y el DJ, entre muchos otros comedidos fueron los encargados de arrastrarme hasta la puerta de salida. Las sonrisas ingenuas, pícaras y cómplices de algunas de aquellas damas con vestidos horribles y una que otra invitada fueron suficientes para no prestar atención a las “recomendaciones” que me hacían el padrino y los iracundos familiares de los novios mientras me llevaban hacia el camino de salida.

La adrenalina o la forma rápida en que bajé las gradas luego de coger mi mochila para desaparecer del Kutty Sark tuvieron algún efecto adverso junto con el licor barato consumido aquella tarde y me encontraba más borracho todavía. Apenas pude avanzar la cuadra y media que me separaba de mi cama, me costó mucho trabajo encontrar la llave y poder abrir la primera puerta, las gradas que llevaban hacia el tercer y último piso fueron todo un calvario para aquel manojo de carne, sudor y alcohol en el que me había convertido. Medio piso y dos puertas más me separaban de mi destino final, todo se nubló.

Horas más tarde logré incorporarme luego de un sueño incómodo y medianamente reparador sobre la fría baldosa del último descanso de las gradas. Pude meterme en mi ropa de dormir para quedar casi cataléptico hasta la noche del domingo siguiente. Un día después el chuchaqui todavía me mataba y sólo quería agua, una sopa de gallina o morirme de una vez.

Ese es el primer recuerdo que llegó a mí, y al parecer también podría ser el último que tenga desde entonces hasta hoy. No me siento mal, algo agotado pero no tengo molestias ni dolores, mis manos son las que delatan mi edad, son las manos de un hombre viejo. Una especie de reloj holográfico en el centro del salón que parece ser una habitación grande de hospital además de la hora marca también la fecha: domingo 23 de junio del 2052.

Murmullos y bostezos van ocupando el lugar del silencio, los que se encuentran en las demás camas, que vendrían a ser mis compañeros de cuarto, han empezado también a despertar. Un grito ahogado nos despierta completamente, a dos camas de la mía un hombre llora ahora por su brazo, o por la ausencia de éste mejor dicho. Yo sólo dejo escapar un “por la puta” al darme cuenta que de mi pierna derecha sólo queda medio muslo. El mundo no se acabó en el 2000, seguimos vivos, pero algo peor nos sucedió.

…I’m losing, I’m bluesing
but you can save me from madness.

La virgen del tanque de gas

Cargar de gasolina o diesel al carro o comprar un tanque de gas para la cocina o el calentador de agua, actividades simples, comunes y en casi cualquier parte fáciles y elementales, son todo un drama lleno de complicaciones, incomodidades y obstáculos en la SanMiguelina ciudad norteña de Tulcán. Drama producto del contrabando de gasolina, diesel y gas licuado de petróleo hacia Colombia.

Ya son varios años (artículo del diario HOY del año 2000 que trata ya sobre el tema) de lo que debería ser una inaceptable situación que se ha vuelto común y a la que sin más remedio la gente se ha acostumbrado y en la que al parecer las autoridades de control son las únicas personas que no saben quiénes son los que se benefician y promueven el contrabando de combustibles. Bueno, contrabando para unos, “actividad informal” para otros, cuestión de semántica nomás porque no importa como lo llamen el daño está hecho, el perjuicio es masivo y las bolas nos terminan hirviendo a casi todos.

“No hay trabajo” es la defensa de los informales comerciantes. “No hay trabajo… que me deje tanto billete a vaca como lo hace el contrabando de gas y gasolina”, completaría yo sin temor a equivocarme que en el fondo esa es la verdadera razón que los impulsa a no encontrar (no querer buscar) otras alternativas laborales.

Fila (de las pequeñas) de gente a la espera del carro repartidor de gas.

Largas filas de vehículos en las gasolineras, permanentes, eternas, todos los malditos días, para cargar combustible. ¿Acaso el tiempo no vale? ¿todos tienen el tiempo y las ganas de perder medio día haciendo nada, sentados en su carro esperando que avance la fila? ¿es sencillo pasar horas en la fila de gente esperando por un puto tanque de gas? ¿es totalmente comprensible que luego de hacer la fila por horas, parados como si no tuvieran más que hacer, que lleguen y les avisen que el carro del gas no va a llegar ese día al barrio y que regresen al siguiente para continuar con la tortura medieval?

Personalmente no me ha afectado el desastre en la logística de distribución y control de gas y gasolina porque hay la oportunidad de adquirirlos en la provincia vecina más cercana, pero muy pocos tienen esa salida, la mayoría debe aguantar la ineptitud de las autoridades y la voracidad que tienen los “informales” por dinero fácil, rápido y libre de impuestos con materia prima subsidiada por los mismos que tienen que aguantarse el trámite y las filas de mierda.

Y en medio de la desesperación, dice la leyenda urbana, un grupo de inconformes pero esperanzados consumidores de gas de uso doméstico mandaron a elaborar la estatua de “la virgen del tanque de gas” para tenerla como su santa patrona y a través de ella pedir que el sentido común y el espíritu de servicio asomen aunque sea en pizcas en las atelarañadas mentes de los encargados de controlar y supervisar la logística de distribución de los combustibles contrabandeados y algo de vergüenza y honestidad para los “informales” contrabandistas.

La virgen del tanque de gas

No duró por mucho tiempo como santa patrona de los consumidores desprotegidos. Los traficantes “informales” descubrieron a la estatua y hoy le piden para que el siguiente cargamento decomisado no sea el suyo y el precio oficial del tanque de gas subsidiado no suba en Ecuador ni baje en Colombia.