¿Quién no ha dicho alguna vez “yo lo mato a ese hijuep**a”?… ¡Exacto! muchas veces y casi siempre cuando aquel desgraciado al que queremos matar no se encuentra presente y una cantidad considerable de alcohol fluye a sus anchas por nuestro torrente sanguíneo después de haberle hecho saber a nuestro cerebro que ya está presente.
Tomando en cuenta lo anterior y considerando todos los recuerdos y memoria perdidos en aquellos homenajes y sacrificios hechos (sobretodo en años universitarios) al dios Baco, estoy seguro que ya he recibido amenazas de muerte antes y posiblemente algunas fueron bastante en serio. Pero siempre hay una primera vez para todo (hablando de veces ¿será que Jesús sí tuvo algo con María Magdalena y por eso hoy hablan de su segunda “venida”?) y esta ocasión me tocó recibir una amenaza de muerte vía SMS en la pantalla de un celular, para que vean que hasta para los desadaptados la tecnología es una maravilla y les facilita muchas cosas. ¿Qué cómo es que me encuentro con sociópatas de este tipo? NPI, yo no los busco ni los encuentro, ellos solos vienen a mí.
No puedo negarlo, me asusté. El amenazador en cuestión es de nacionalidad colombiana y aunque tengo un afecto desde siempre por nuestra vecina Colombia, su gente, su comida, sus costumbres, su trato (sí, sí, sus mujeres también), con esto de que la guerrilla ha empeorado las cosas por allá hoy ya no solo uno recibe a sus parientes colombianos o turistas que vienen a pasear por nuestras tierras sino que viene todo tipo de gente, de todo nivel y calaña. Gente más buena o impactante de lo acostumbrado y lamentablemente también gente que uno preferiría no encontrarse. El colombiano en cuestión pertenece a este último grupo.
En realidad yo lo amenacé primero (obvio, con razones sensatas y fundamentadas, no es que yo ande amenazando a pendejos por las huevas, y más que amenaza solo fue una advertencia o sugerencia), con las necesarias y suficientes fuertes y hoscas palabras que una amenaza de clase requiere, ya saben soy todo un caballero y como tal espero una respuesta del mismo tipo. Pero eso es bien difícil si el burro en cuestión resulta ser un gamín de la peor clase, que por su forma de hablar podría estar a la altura de uno de los caporales de medio pelo en alguna ala de alta seguridad o lo más parecido que tengo un lugar como la Penitenciaría del Litoral, por ejemplo.
Si yo le propongo a alguien que arreglemos las cosas como hombres (bueno, en realidad como bestias, que de vez en cuando si resulta bueno, estimulante y desestresante), yo espero que el especimen con el que estoy tratando entienda que me refiero a salir a la calle o un lugar abierto y espacioso para liarnos a puñetes y sacarnos la madre. Como caballero, hombre, macho y bestia uno espera eso, pero no; tienen que salir con mariconadas como: “ya pues, venite este momento para echarte bala si es lo que querés, estoy en el Seseribó“
Asumiendo que el jumento estaba con algunos tragos encima decidí darle chance para que lo piense un poco más, desista de la idea de meterme bala y acepte mi propuesta de limpiar nuestro honor con sangre derramada limpiamente a punta de puñetes y le contesté algo así como “hoy no puedo, estoy ocupado. Mañana con mucho gusto, hermano” (o sea sí, me ahuevé, pero tampoco estaba en la ciudad ese rato, recién estaba en pleno viaje sino… igual me ahuevaba).
Esa respuesta como que lo molestó un poco más y empezó el rosario de amenazas, delirios de grandeza, puteadas contra los indios (según él indios=ecuatorianos) y toda una diarrea verbal en la que pretendía ofender y hacer de menos a la India (digo, si el man dice que los ecuatorianos somos indios entonces el Ecuador debe ser la India). Como yo estaba cuerdo y con sueño no respondí a ninguno de sus comentarios sin sentido y amenazas rídiculas, apenas le mandé saludos para sus primas (sé que tiene unas primas reeecas y buenas) y le recordé que si deja la mariconería de escudarse tras una “chispa” y tiene los huevos para permitirme hacer un saco de boxeo con su anatomía me lo haga saber al día siguiente, cuando ya esté menos bruto. Siguió amenazando y mostrando su obstinación en que esa misma noche él tendría que meterme bala, al siguiente día, o después, ya no tuve noticias suyas.
Y bueno, sigo teniendo la ventaja. El man solo tiene los números de mis celulares, no me conoce. Yo tengo los suyos pero además sé quién es, y en donde trabaja. Y no, nunca asistiré a ningún encuentro por él propuesto, el mundo es un pañuelo (pañuelo usado, con hartos mocos como ese man) y cualquier momento estoy seguro nos encontraremos casualmente y ahí si I’m gonna kick your whitey ass… bitch! (porque si hay mocos como el tipo, también habemos gargajos como yo).
Pero eso sí, no forzaré mucho a la manera en que el mundo gira y por si acaso trataré de pasar alejado del Seseribó.
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