Un producto peruano aún peor que Laura en América

No pe, ¿hay algo peor que el programa de la señorita Laura?

Lastimosamente sí. Y para colmo es una degeneración del también “famoso” perreo. Ajá, otra sorpresa, cosas como el perreo todavía pueden degenerarse más.

Vean nomás el video y luego de hacerlo estoy seguro que repetirán conmigo “¿qué carajo en el nombre de los dioses fue eso?”

Más info sobre este fénomeno bailable (fenómeno; en el sentido grotesco y monstruoso de la palabra) en los monólogos de la vejiga.

MondoBlogo: nuevo blog

MondoBlogo

Como reemplazo del abandonado Geek/2 ahora tenemos a MondoBlogo.

El boboblog tecnológico, hermano de este boboblog personal, hace pública su presencia en el mundo blogger desde el día de hoy.

Vayan, vean, conozcan. Si les gusta lo ponen en sus links y si no les gusta… también.

Es una apuesta conmigo mismo, si hasta le puse dominio, diseño propio y todo; por lo menos deberé aguantar con su mantenimiento y actualización mientras dure el registro dominio a mi nombre.

MondoBlogo

Servicio social. Una encuestica

Me llegó por email una encuesta y me han pedido que ayude a difundirla. Es para un estudio a nivel mundial sobre sexualidad.

Tienen que ingresar en esta página, seleccionar su idioma de preferencia, colocar el código “apiorexia” (sin las comillas) y llenar la encuesta.

La encuesta se llena de manera anónima y no quita mucho tiempo.

Ahora regresamos a nuestra programación habitual.

La brecha digital entre escolares y universitarios

Tengo la suerte, no tan buena, de tratar con niños de 5 a 7 años una vez por semana durante una hora. “El profesor de computación” me llama la mayoría o “Profe de Inglés” uno que otro despistado (en realidad los más pilas que seguramente piensan: este especimen no puede ser de estas tierras. Aunque lo más seguro debe ser que no entienden lo que hablo y creen que es Inglés).

También tengo la suerte, mucho peor aún, de ser testigo del comportamiento de estudiantes universitarios cuando interactúan con una computadora e internet.

Tenemos así dos grupos con las siguientes características en común: la gran mayoría no posee una computadora en su casa y sus conocimientos y destrezas computacionales son mínimos.

Pero lo interesante no es su semejanza sino lo que diferencia a estos dos grupos: al momento de interactuar inicialmente con una computadora los niños tienen las de ganar; son mucho más despiertos, pilas, intuitivos y con mayor sentido común que los universitarios de primer semestre.

Tal es la diferencia que si un niño de 5 años ya pudiera escribir y leer normalmente no haría preguntas tan inocentes, cof cojudas cof, como un universitario cuando abre una cuenta de correo, es más, el niño si lograría abrir la cuenta, jejeje.

Lo peor de todo es que a estos universitarios no les interesa ni les preocupa su falta de capacidad para interactuar con algo que a estas alturas ya deberían considerar como parte fundamental de sus vidas o como herramienta principal de estudio y trabajo: la computadora y el internet. Y con su despreocupación por el idioma Inglés mejor ni me meto, dejemos a mi hígado tranquilo.

Está bien, no tienen computadora en casa o tienen computadora sin internet pero justamente ese es el caso que se esta comparando: un niño sin computadora y con pocos conocimientos informáticos con la posibilidad de tener ocasionalmente acceso a computadora e internet en su institución educativa o en un cyber versus un universitario en las mismas condiciones. El proceso de aprendizaje y adaptación es terriblemente lento y desordenado en este último debido a su poco interés en el asunto y a su falta de visión sobre la importancia del mismo.

Y es que el panorama yo lo veo simple: ¿quién puede llegar a tener más y mejores oportunidades; alguien que a los 20 años no ha pasado de aprender la conjugación del verbo to be y que no puede revisar su cuenta de correo electrónico (si es que logró abrirla) o un chico de 13 años que mira los episodios de Smallville en inglés, sin subtítulos, luego de habérselos descargado de internet usando bittorrent?

Gracias a los dioses no he aceptado ser profesor en ninguna universidad local sino este post habría sido larguísimo y mi hígado estaría ya a punto de dejar de funcionar. Me quedo nomás con los guambras de 5 a 7 años y mi sobrino de 13.

Cuando Don Pedro la vio negra

Pedrito en la casa, Pedro a secas en el trabajo, “qué fue cabrón” con los panas en los viernes de chupa. La única persona que le decía Don Pedro era la recepcionista del hotel, aquella costeña coqueta (según él) a la que nunca se atrevió a preguntarle el nombre.

La empresa corría con sus gastos en los viajes de negocios, viáticos que le permitían alojarse en hoteles que, sin llegar a ser cinco estrellas o muy lujosos, estaban bastante bien, pero él decidía irse al hotel con la recepcionista de nombre desconocido. Ese hotel era más bien sencillo y económico, el dinero que ahorraba con esta elección hotelera lo gastaba en vodka y whisky en alguna discoteca luego de la jornada de trabajo para la que había hecho el viaje de negocios.

La rara combinación de vodka y whisky hacía que Don Pedro saque a flote todas sus poses de conquistador y muchas veces regresaba al hotel con la presa que había caído ingenuamente (o a propósito cuando la víctima también andaba en busca de un revolcón) en sus redes de suertudo Casanova.

En este viaje no había contado con mucha suerte en la discoteca de turno, culpaba de su falta de efectividad conquistadora al whiksy; esa noche no tenían disponible su marca favorita. También culpaba al día; decía que los miércoles no tenían esa magia que él buscaba en los noches de “cacería”.

Regresó solo y ebrio al hotel. Ebrio, pero no lo suficiente como para atreverse a preguntarle por fin el nombre a la recepcionista.

Un negro alto y vestido con un terno blanco pretendía entrar a la recepción del hotel mientras sus compañeros de tragos lo veían, sentados, desde la pequeña sala ubicada justamente al frente de recepción.

– Señor, por favor, no puede ingresar aquí. (Reclamó la recepcionista al negro)

– Yo puedo entrar en donde quiera, yo puedo hacer lo que sea, tengo plata hasta para comprar su alma. (Respondió enérgico, el negro)

– ¿Y cuánto daría por mi alma? (Atinó a decir Pedrito después de lanzar una mirada “matadora” a la recepcionista en su intentó de hacerse el héroe)

– No sé, veamos… cuánto te podría dar (Dijo el negro mientras abandonaba su intento de entrar a recepción y se acercaba al posible vendedor de alma)

El negro llegó hasta donde Pedro, se colocó trás de él y antes de que Pedrito pueda encarar al moreno comerciante de almas sintió la pistola en su sien mientras el negro decía: “¿Estás seguro que estás listo para dejar ir a tu alma?”

No vió pasar toda su vida frente a sus ojos, no se arrepintió de algo malo que haya hecho, no pidió perdón a dios por sus faltas en espera de entrar al cielo, no. Lo único que pudo pensar fue: “mierda, me cagué, el negro me va a matar ¿cómo salgo de ésta?”

Barajó posibles soluciones para lograr deshacerse del negro, pero el lugar era pequeño, no le daba espacio ni tiempo para salir corriendo y evitar ser alcanzado por una bala. Estaba asustado, no quería morir… no así. Seguía pensando, debía existir una manera de salir de allí intacto, sin ningún proyectil de plomo en su cuerpo. Ahora además de asustado estaba enojado, no podía tener una muerte tan cojuda.

– ¡Jajajaja! vaya nomás a su cuarto, compadre, no ande vendiendo el alma así como así (dijo el negro mientras lo soltaba y Pedro se daba cuenta que no había ninguna pistola sobre su cabeza, solo el dedo índice del moreno)

Cabreado, así fue Don Pedro a dormir aquella noche. No podía creer que quedó a merced de “ese hijueputa” y que no se lo ocurriera algo para salvarse de esa. “Si por lo menos hubiera sido una pistola de verdad no habría quedado tan mal frente a…” Se cabreó más al recordar que seguía sin saber el nombre de la recepcionista.