Tengo cara de pocos amigos y soy un cabreado, los que me conocen podrán dar fe de esas características notables que son consecuencia directa de mi escueta personalidad.
Al parecer siempre ando buscando un motivo para cabrearme y cuando no lo tengo me cabreo porque justamente no encuentro razón para cabrearme. Como mecanismo de defensa o para evitar mi temprana auto destrucción, y como sabemos que el cerebro trabaja en formas misteriosas, a veces se rompe ese permanente estado de enojo distrayendo la atención de la mente hacia otras situaciones y es por eso que si no estoy pensando en alguna razón para cabrearme ando planeando la edificación de mi futuro reino/negocio como pornógrafo, o alguna cosa por el estilo.
Y hablando de avestruces entrenadas por la CIA para conducir jet skies kamikazes; en esta semana recordé una de las tantas situaciones que siempre me cabrean (no, no es la estúpida y neanderthalesca manera de hablar de la mayoría de los chapas -policías, pacos, azules, etc-), la recordé mientras escuchaba en la radio a un pobre cojudo decir compaNía en lugar de compaÑía. ¿Qué mismo le pasa a ese tipo de gente? no creo que tengan problemas nasales o bucales que les impida una pronunciación correcta o medianamente decente de la letra que posiblemente es una de las diferencias más significativas de nuestra lengua con relación a otros idiomas. Me da la impresión que lo hacen por llamar la atención, talvez por no sentirse parte del vulgo “¿CompaÑía? eso suena cholo, compaNía suena más refinado” parecería ser lo que piensan antes de pronunciar incorrectamente la palabrita.
Bueno, podría parecer que soy bastante quisquilloso, pero ya no depende de mí, simplemente me cabrea que no puedan/quieran decir “compaÑía”, con Ñ, como se debe hacerlo.
Y para todos aquellos que se incomodan al pronunciar la Ñ en la palabra en mención, traten de ser más congruentes y déjenla de usar definitivamente, de pronto así a finales de diciembre podrán esperar (relajados eso sí) un ANO nuevo.


Al mediodía de un sábado, en el sector de la Mariscal, en Quito, las posibilidades de encontrar un local de venta de shawarmas y cervezas con poca iluminación y la suficiente privacidad debido a la falta de concurrencia son grandes.
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