Estoy feliz de reunirme virtualmente con ustedes hoy en lo que se verá en la historia como la más grande demostración de libertad conyugal en la historia de nuestra nación.
Cientos de años atrás, un gran indígena achuar ecuatoriano, quien de haber tenido un mejor departamento de imagen y marketing, hasta hoy nos cubriría con su simbólica sombra, selló su ceremonia de matrimonio múltiple. Ese momento lo consideramos hasta hoy como un destello, una ligera luz que iluminó a través de la injusticia de las sociedades monógamas.
Pero algunos cientos de años después todavía no somos libres, cientos de años después todavía seguimos esposados… solo con una mujer por cada matrimonio, el hombre promedio vive en una isla solitaria en el medio de un inmenso océano de prosperidad femenina, aún cientos de años después. Entonces hoy aquí he venido a dramatizar esta vergonzosa situación.
Es así que estoy aquí para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república forjaron nuestra independencia y pusieron sobre papel aquellas letras que nos liberaban de la cadena española ellos firmaron un pagaré en el cual cada ecuatoriano sería el heredero. Este pagaré era la promesa de que todo hombre tendría garantizados los derechos inalienables de vida, libertad y búsqueda de la felicidad. Y es obvio que hoy esos pagarés no se han hecho efectivos con todos nosotros, sobretodo con aquellos infelices por haberse atado a una sola relación matrimonial.
Pero me rehuso a creer que el banco de la justicia esté en bancarrota. Me rehuso a creer que hay fondos insuficientes en las grandes arcas de la oportunidad poligámica de esta nación. Y así, hoy vengo a cobrar mi cheque, un cheque que me dará a mí y a muchos otros la riqueza de la libertad matrimonial y la seguridad de justicia de multi-parejas.
Muchos de ustedes seguramente han sido víctimas del sistema actual que nos oprime, talvez para muchos ya sea tarde este hito en nuestra historia y morirán muy pronto consumidos en una relación monógama, pero su esfuerzo y sacrificio no ha sido en vano. No nos revolquemos en el valle de la desesperación.
Entonces les digo a ustedes, mis amigos, que aunque enfrentemos las dificultades de hoy y mañana, aún yo tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en nuestro suelo ecuatoriano, en nuestra herencia ancestral primordialmente polígama.
Yo tengo un sueño que un día en las altas tierras de nuestra serranía o en nuestras hermosas y relajantes playas, los hijos de padres monógamos se sienten en la mesa de la hermandad con todas sus esposas simultáneas y sus respectivos hijos
Yo tengo un sueño en el que mis hijos un día vivirán en una nación en donde no serán juzgados por el número de sus esposas ni por la supuesta ilegalidad de sus relaciones múltiples sino por el contenido de su carácteres.
¡Yo tengo un sueño hoy!
Yo tengo un sueño que un día los pequeños niños y niñas, negros, blancos, rubios y pelirrojos podrán jugar como los verdaderos medio hermanos que serán, hijos de sus respectivas madres negras, blancas, rubias o pelirrojas y su único padre.
¡Yo tengo un sueño hoy!
Yo tengo un sueño que un día un hombre será libre de elegir el número de sus esposas, y el único limitante será la capacidad de manutención de sus convivientes e hijos.
Y cuando todo esto pase, cuando nos permitamos hacer resonar la libertad conyugal, cuando esa libertad resuene en cada caserío, recinto, ciudad y provincia de nuestra patria, con nuestras esposas negras o blancas, judías o cristianas, protestanes o católicas, podremos juntar nuestras manos y decir:
¡Polígamos al fin! ¡Polígamos al fin! (y reconocidos por la ley)
-Este texto podría considerarse como el inicio de la campaña política pro-elección a diputado en alguna elección cercana teniendo como frente de batalla la defensa de la legalidad de la poligamia. Phantom Delacroix, Diputado 20xx-
“Nunca le digo a un cliente que no puedo atender a su convención de negocios porque ya estoy previamente comprometido con otro cliente; la poligamia exitosa comprende hacerle creer a cada esposa que ella es el único grano de arena en tu playa.
David Ogilvy“