Archivo de Octubre, 2005

Oct
14
2005
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De pronto me invitaron mis amigos para dialogar y analizar los múltiples comentarios realizados sobre el tema “Una luz en la penumbra”. A lo que en primer lugar me mencionaron el agradecimiento por la gran preocupación de los estimados lectores sobre el caso en mención, quienes algunos lo hicieron con el corazón y otros simplemente de acuerdo a su personalidad.

El caso es que mis amigos, lo tomaron con la madurez correspondiente, tomando en cuenta muchos de los criterios, como por ejemplo aquellos de que el amor es uno solo, ellos saben de que el amor es así, y cuando la esposa fallece se lleva ese amor a la tumba, pero la vida es como un campo productivo que cuando termina la cosecha se prepara el terreno de nuevo, se siembra una nueva semilla con amor y si es lugar fértil, nace y se reproduce, manteniendo en el recuerdo que la cosecha anterior fue buena, lo mismo lo harán ellos recordando las vivencias anteriores, las que jamás se borrarán de la mente.

Para mantener una relación, dicen ellos, se debe tener amor, cariño, respeto, comprensión y otros valores que serían necesarios para pasar el resto de la vida, disfrutando juntos y con la buena comprensión de los hijos y las familias.

Es cierto, mencionan, que la desaparición de la esposa es reciente, es claro que la herida no se cicatriza todavía, por lo tanto para quienes están preocupados de que la boda será pronto, no es así, es un proceso de algún tiempo pero no mucho porque la vejez no espera y se viene galopando.

Gracias por vuestra aportación, rogando a Dios que esta situación no la vivan ustedes, por cuanto “no es lo mismo predicar que dar trigo”. Gracias y hasta pronto.

Oct
11
2005
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Una colaboración de “Don Nepa”. Con todo gusto este espacio le abre sus puertas. No se olviden de comentar, que ese el objetivo del post: tener una luz en la penumbra.

Tengo una amiga y un amigo que demostrándome la confianza por demás sincera, me cuentan por separado sus vidas. Mi amiga una damita de unos 48 años, de origen provinciana, se inició en la universidad a los 17 años, se conoció con un sujeto quién abusando de su ingenuidad, procrearon un hijo, menos mal que le obligaron a que se case, luego tuvieron una hija y en poco tiempo más un tercero, lamentablemente en ese período de tiempo su matrimonio fue un martirio, el esposo jamás le demostró amor o sea que fue una relación de aquellas en las que predomina el machismo, palo por que bogas y palo por que no bogas, todo el tiempo ordenando con palabras fuertes tal como lo hace un mayordomo a sus peones. Dios en parte lo sancionó, tuvo un accidente y mi amiga le atendió día y noche por un tiempo hasta que la empresa donde trabaja le envió a EE.UU. después de unos años llegó casi bien de salud, pero su mamá se lo llevó y desde aquella época abandonó a su esposa e hijos, mientras tanto todos los 17 años de ausencia en el hogar mi amiga hizo las veces de padre y madre, sacrificándose trabajando para que no les falte nada a sus hijos quienes hoy ya casi culminan con sus estudios, por esta razón no tuvo tiempo para dedicarse a buscar alguien que reemplace a su pésima pareja.

Por otra parte mi amigo me cuenta que su vida es aparentemente adecuada y normal, por su profesión le tocó recorrer casi todo el país, a los 25 años de edad encontró su media naranja la misma que le acompañó por todos esos recorridos, llevando una vida modesta, alegre, llena de comprensión, mucho amor de parte y parte, procrearon tres hijos quienes asistieron en su oportunidad, a algunas escuelas y colegios a lo largo y ancho del país, hoy los dos primeros son casados y el último está en la universidad, pero como así son las cosas del destino, la esposa a la que le quiso con el alma, vida y sombrero se fue de esta tierra a los 58 años para siempre sin ningún anuncio, dejando un inmenso vacío que según él jamás se podrá llenar.

Estos amigos míos se conocieron hace poco, quienes se gustan mutuamente, mantienen una excelente relación de amigos muy confidentes, saben la historia de la vida de cada uno, tratan de organizarse para ver la posibilidad de formar una linda pareja, pero ella dice que a sus hijos que todavía viven con ella en su propio departamento y son solteros no los abandonará, mi amigo me cuenta que el todavía tiene su responsabilidad con su último hijo, con quien vive en su departamento y tampoco lo dejará hasta que esté en condiciones de volar solo.

Espero de Uds. mis amigos lectores que en sus comentarios nos señalen el camino más conveniente que deberían seguir mis amigos, para de esta forma, dar valor al tema de este escrito “Una luz en la penumbra”.

Oct
5
2005
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Estoy seguro que muchos de ustedes, queridos visitantes, han escuchado del término “sal quiteña”, especialmente si viven en este país medio mundista (estamos en el medio del mundo ¿cierto?). Y es que dicen que los quiteños tienen esa “sal”, esa picardía que los hace diferentes y que muchos admiran. Talvez sean buenos para contar cachos (sobretodo si el protagonista es un “pastusito”), pero de ahí a que su sentido del humor sea especial, o que realmente tengan esa sal de la que tanto “sacan pecho”, no lo creo.

Viví muchos años en Quito y nunca me encontré con alguien de esas tierras que me haga creer que lo de la “sal quiteña” realmente existe. Siempre me pareció que el humor pastuso estaba muy por encima de la fama humorística de los capitalinos. Obviamente durante mis años universitarios tuve que soportar los típicos cachos de pastusos, incluso por parte de algunos profesores. Aunque los chistes del “Pato Vallejo” (el profe de Física, muy buen profesor, muy buena gente) no eran para hacernos quedar mal a los pastusitos de su clase o algo por el estilo, más bien los contaba como una muestra del aprecio que sentía por estos lares norteños. Manera no muy ortodoxa de demostrar aprecio, pero parece que eso del “cariño pastuso” (manera tosca y burda de demostrar cariño) se le había pegado en sus cortos viajes a tierras altas.

A los highlanders, además de pastusos, también nos conocen como caballos. Es así que nunca faltaba el típico quiteño que quería saber el por qué de esa manera de llamarnos.

- Ve, Phantomff ¿Por qué les dicen caballos a ustedes los pastusos?
- Originalmente nos llamaban burros, pero el por qué resultaba demasiado obvio.
- ¿eh? ¿uh?
- ¿Sabes por qué a las quiteñas les dicen carretas?
- No, ¿por qué?
- Porque se dejan tirar por caballos. Topamos pana, nos vemos.
- ¿eh? ¿uh?

Claro, no soy el único pastuso que tengo ese punto de vista sobre la sal quiteña, para muestra otro botón, la opinión de mi coterráneo “el que ya saben” (no, no es que ustedes ya saben quien es, lo que pasa es que ese es su nickname) no difiere mucho de la mía. Citándolo:

“…pero desde ese instante se me quedó la careta de este medio orangután como el arquetipo de algo que tengo que soportar casi a diario en mi escasa vida social en la ciudad capital, lo que aquí a algunos les da por denominar la “Sal Quiteña” que en lenguaje para legos se traduce como “Los chistes mas sangrones del mundo” que para poder mezclarse entre los capitalinos hay que saber aguantar con el siguiente truco: aprietas bien los dientes (esto es para que tus jugos intestinales no salgan disparados pues después del chiste comenzarán a bullir como lava del Krakatoa) pones la sonrisa de puerco hornado mas falsa que te salga, haces un sonido como de perro con asma para que crean que es una risa, y ya unos 10 o 20 segundos después pasaste la prueba de fuego de escuchar el fabuloso sentido del humor de algunos capitalinos, y tu círculo de amigos, intacto.”

Y mis sospechas de que la famosa “sal quiteña” no existe se confirmaron cuando el propio Carlos Michelena lo dijo. En La Kombi lo entrevistaron y le preguntaron algo así como “¿qué se siente ser el mayor representante de la sal quiteña en el Ecuador?” a lo que don Carlos les respondió que el no tiene sal quiteña, es más, ni siquiera es quiteño (no me acuerdo de donde dijo que era) y que (aquí viene lo principal) el cree que los pastusos tienen más sal que los quiteños.

Estimados amigos quiteños, despierten; la sal quiteña no existe, es un mito, una leyenda urbana, una fantasía. Ni siquiera el famoso “Don Evaristo” es de Quito, él nació en Ambato.

No me entiendan mal, no tengo nada contra la gente de capital, tengo familia y grandes amigos que son quiteños, la gente es buena, la ciudad es linda, pero eso no significa que tenga que aceptar la leyenda de la “sal quiteña”.

Si la sal quiteña se usara para condimentar los alimentos ya estuviéramos acostumbrados a comida deshabrida.