El sueño de Simón

Eran dos hermanos que se llevaban como hermanos. Dormían en la misma cama y, a veces, se disputaban la papa chaucha más grande. Los dos iban a la escuela con los bolsillos llenos de tostado y con una tortilla de tiesto en el culero.

El ñaño menor se llamaba Simón; y, el mayor, parece que no tenía nombre porque todos le conocían de “viejo”. Simón era consentido y muy querido por su abuelo, un anciano sabio, emigrado en su juventud desde Colombia, y admirador de Bolívar; por ello, el nombre su nieto, aunque la abuela argumentaba que era por Simón Pedro, la piedra de la iglesia.

El abuelo le había enseñado a montar a caballo, a achicar los terneros, a arrear el ganado y a pasar el río en las heladas y obscuras madrugadas. Simón conocía de memoria las historias de guerra contadas por su abuelo, en las que él era actor, puesto que la ideología se la defendía en el campo de batalla. A lo mejor por ello el niño comenzó a sentir esa inclinación por la carrera militar, y soñaba con ser un cadete; lucir su elegantísimo uniforme, sacarle brillo a sus botas y a sus botones para conquistar a las chiquillas donosas, especialmente a la Martica, quien vivía al otro lado de una zanja que separaba sus casas.

La idea de servir a la Patria, siendo oficial del ejército, se le fue haciendo carne, a tal punto que instaló, en medio de los árboles, un gimnasio, fundió sus propias pesas; el río le prestaba el espacio para bajar el tiempo en los cien metros estilo libre, y las laderas pulían sus pantorrillas y muslos.

Al fin, Simón se fue al Colegio Militar, argumentando que tenía derecho porque el “viejo” ya estaba en la Central y, cuando venía de vacaciones, hablaba como “puendo”.
Su sueño empezó a hacerse realidad: ya era KDT. Su talla, su presencia y su espíritu de militar carchense, atizado por su abuelo, le consiguieron un puesto respetable entre los compañeros de estudio. Cuando salía franco los domingos, iba a donde “el viejo”. Se quitaba el uniforme elegantísimo y compartían esas pequeñas grandes cosas, propio de los jóvenes provincianos que, al no tener suficientes recursos, tenían de sobra, ese sueño, esas metas muy altas. Compartían entonces la caja de tortillas, otra vez ese inolvidable tostado; ese manjar preparado por su madre, el dulce de calabaza, que, en medio de la ropa, llegaba cada semana en el carro de don Amado. A veces, después de hartarse con esos potajes, se iban al cine, preferentemente al Puerta del Sol, porque aunque pulgoso, era barata la entrada de gancho y a galería. No se servían en el cine caramelos, porque llevaban su tostado con manteca.

Cierta ocasión, siendo ya KDT antiguo, desde la galería de aquel cine de la 24, miró que en luneta estaba un cadete con su enamorada; no veía la película, sino que aprovechaba el terreno y, a ratos, como que se atrincheraba.

Al otro día, allá en el Colegio, Simón le aplicó un teque, para que no se olvide el pécora. Cómo es posible, le decía mi cadete, que un futuro oficial de las Fuerzas Armadas, ultraje su uniforme, incluyendo la capa, los guantes y el sable, frecuentando un cine de mala muerte, con derecho a pulgas, a orinas de guagua tierno, con olor a estupro y con gente de mala reputación; y todavía dando espectáculo con la pelada esa, traza de “buscavidas”. Terminado el teque, el cadete castigado, sudado y tembloroso, le dice a su aprendiz de superior:

– Permiso hablo, mi brigadier. Cómo es que usted sabe que he estado en el Puerta del Sol , ayer?

– Cadetico mamarracho y bolsón… es que yo estaba en galería

Uno de esos tantos domingo, Simón y el “viejo”, como de costumbre, se fueron al cine; pero esta vez al Atahualpa, un cine de categoría, en el que el gallinero era igual o mejor que la luneta del Puerta del Sol. De pronto, en media función, se escucha fuertes detonaciones, la gente se alarma y quiere salir corriendo: sin embargo, desde los altos parlantes, explican que todo se debe a que están derrocando una casa, con dinamita. Más pudo el interés de la película que las explosiones afuera.

Al salir de la matinée, el cadete y el “viejo” de la FEUE, no podían creer lo que veían: la casa en donde vivían, había sido devorada por un incendio, y lo que explotaba había sido unos sacos de pólvora, de una ferretería que funcionaba en un local que daba a la calle.

Una pesadilla inolvidable: del cuarto, solo las paredes calcinadas. ¿Y el uniforme? ¿Y las cositas del “viejo”?

Simón llegó a su Colegio, justificando al oficial de guardia, que su uniforme se extravió, porque por ayudar a apagar el fuego de la casa, se lo había sacado para jugarse la vida como un soldado ecuatoriano.

Ha pasado el tiempo y, lo que se sabe del “viejo”, es que ahora está más viejo; y, que Simón, no volvió de la guerra del Cenepa. Dicen que su nombre está en la lista de los héroes, allá en un monumento de un parque de Nueva Loja.

Simón cumplió su sueño; y, es posible que su abuelo, desde esas trincheras de nubes, habrá aplaudido el ñeque de su retoño.

Un post del Licenciado Delacroix

De todo hay en la viña del señor Juan 23

Con este post debo aceptar que el movimiento de retiristas Juan 23 es una fuente oficial de contenido para CeroCuatro.net. En realidad este tercer escrito “dedicado” a dicho movimiento es un intento desesperado para colocar algo en el blog.

Hace más de un año tuve el primer encuentro cercano con este movimiento y hace algunos meses fue el segundo encuentro. En el último post sobre el tema mencioné que me parecía una falta de respeto y consideración que alguien venga un domingo a las 5 de la mañana a interrumpir el sueño de un vecindario o barrio completo. Fue en ese último post que encontré algunos graciosos y contradictorios pero interesantes comentarios de miembros del mencionado movimiento John the 23rd.

Fue bueno saber que hay gente sensata dentro de ese grupo de retiristas, como ejemplo un fragmento del comentario de “mi hermano” Angel (no, no es mi hermano en el estricto sentido de la palabra pero así firmó él):

Tienes absolutamente toda la razón sobre la bulla que hacemos y les pido disculpas a todos en nombre de todo el movimiento, de hecho ya se han tomado medidas, no amplificaciones, no gritos. Son cantos y alabanzas que desde afuera yo también los critiqué pero desde adentro también las canto y grito al ser que cambió mi vida.

Correcto, acepta que lo único que yo pedía era respeto. Si quieren cantar y gritar nadie se los impide, pero algo que se llama sentido común debería decirles que hacerlo un domingo a las 5 de la mañana no es precisamente una buena muestra de respeto al prójimo. Gracias por entender y aceptarlo, “hermano” Angel.

Pero no todo puede ser sensatez y sentido común y los apasionamientos no tardan en salir a flote, he aquí dos ejemplos (en negrita están mis comentarios):

El primero, de una señora de Centro América (de acuerdo a la información de su IP), con un nick propio para participar en Laura en América:

“AVERGONZADA DE TI (cuando quieras, mamita )dijo:

HOLA

DA VERGUENZA ESAS EXPRESIONES QUE HACES DE LAS PERSONAS QUE TRATAN DE BUSCAR AL QUE MURIO POR TI EN LA CRUZ DEL CALVARIO.. SE NOTA QUE NO SABES NADA DE LO QUE ES EL MOVIMIENTO (¿qué no sé nada? por favor, si creo que me se al pie de la letra las ceremonias con las que clausuran sus retiros, y no solo yo sino todas las personas que viven a 2 cuadras a la redonda)… CUANDO LEAS ESTO ME LLENARAS DE INSULTOS Y TODOS LOS PAYASOS QUE SE UNEN PARA BLASFEMAR… (Avergonzada de mí, yo soy todo un caballero, no puedo llenarte de insultos, lo siento) SOLO QUIERO QUE SEPAS QUE CRISTO TE AMA Y ESTA DISPUESTO A PERDONARTE CUANDO ALGUN DIA CRISTO TOQUE A TU PUERTA Y TE DECIDAS A HACERLO COMPRENDERAS QUE ESOS RUIDOS SON NECESARIOS PARA LAS PERSONAS QUE ESTAN ALLI …. (¿Entonces si yo fundo mi propia secta satánica y dicto que una de las ceremonias es matar 10 cerdos a las 2 de la mañana la gente que no pueda dormir tendrá que aceptarlo porque esos chillidos son necesarios para las personas de mi movimiento?) TE AMAMOS EN EL AMOR DE CRISTO Y QUE DIOS TE BENDIGA… Y ESTAREMOS ORANDO POR TI… (Gracias, yo también me amo y espero que reces para que Dios te ilumine… con algo de sentido común.)”

El otro comentario también es de una mujer, de Fernanda. Ella por lo menos puso su nombre. Veamos el comentario de esta adolescente pseudo-nerd:

“fernanda dijo:

hola a todos!!
saben algo chicos.. (Sé muchas cosas, ¿podrías ser más específica, por favor?) no estoy de acuerdo con la persona q escribio ese blog!! (Tal como me gustan: tigresas, rudas) no tienes idea todo lo q significa ser retirista!! (No exactamente, pero si he re-tirado algunas veces ¿eso cuenta?) sabes algo, tngo 16 años, (Si me dices que tienes puesto tu uniforme de colegiala me matas) y vivi un retiro, yo era como uds incluso peor (Se nota que no me conoces, muy pocos pueden llegar a ser peores que yo) y mi vida cambio mucho, ahora entiendo muchas cosas!!! tu no has vivido aun 1 retiro x eso no sabes lo que es… si algun dia tienes la oportunidad d hacerlo ojala t pueda llegar para ver si cambias d opinion..
y bueno talvez m vayn a decir q soy uan nerd con 0 vida social (No empecemos con el tema nerd porque ahí tampoco me ganas), si piensan eso se ekivocan!!!! (¿No lo dije? no podías ser una nerd) tengo muchisisimos amigos, y muchas personas q conocen (¿Tienes muchas personas que conocemos?, wow que pequeño es el mundo), asi q nada q ver con eso, solo q sabes algo, me ayudo a ser una persona mejor con criterio propio, y una personalidad definida (Yo estoy bien convencido de tener un criterio propio y una personalidad -disfuncional, pero personalidad al fin- definida y nunca he ido a un retiro de los tuyos) q m permit reflexionar mis errores y no andar criticando al resto d personas (Se nota que no nos criticas, es obvio) q solo tratan d ayudar a q la vida d otras personas mejoren!!
asi q ahorrate comentarios erroneos por favor, y si no puedes dormir cuando hay retiros pont un tapon en los oidos y duerme trankilo sip, en vez d darnos mala fama a los retiristas d todo el mundo!! (No, yo no doy mala fama a los retiristas de todo el mundo, solo a los que se reúnen frente a mi casa) gracias… (No, gracias a tí, sweetheart).

Si la pereza se apiada de mí y me deja solo por un rato posiblemente haga el intento de ir a uno de esos retiros ¿dejarán que lleve una cámara?

Blogs & Beers en Quito

Porque en la repetición está el gusto

Lindas mujeres (pocas, pero lindas), inagotables temas de conversación, volver a ver a conocidos amigos, conocer nuevos panas, y lo más importante ¡CERVEZA!

Bloggers del Ecuador y sus alrededores, Quito los espera. No le fallen.

Sábado 12 de noviembre, 20:00

Sugerencias para el lugar de reunión y confirmación de asistencia, en los comentarios de este post o en donde la bella Princess.

Ratas corruptas compran borregos vendidos

Un post al vuelo, apoyando la idea del Google bombing propuesto por Ludovico.

Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos
Ratas corruptas compran Borregos y Vendidos

Pero me parece que la culpa no es ni de las ratas corruptas ni de los borregos y vendidos. La culpa es de todos ¿cuándo nos daremos cuenta que un pinche voto si cuenta?

Por cierto el sitio web de los Borregos y vendidos ha sido re-feo, es tan feo que los sitios web feos no lo quieren… por feo.

Dos medallitas

“Dos medallitas de cobre te di,
ponlas muy cerca de tu corazón,
la una es la virgen, mi Guadalupana,
la otra es la imagen de mi madre santa….”

El Segundo, porque ningún otro nombre le podía calzar, quedó medio lelo al escuchar el tema que, en ritmo de bolero, lo canta J.J.. “Dos medallitas”, claro, ese bolerísimo que hace cuatro décadas estaba de moda en la Cara de Dios.

Qué bestia, como si fuera una película en cinemascope, vista en medio de la raquiña del pulguero de la galería del Lemarie, se le presentó la calle Bolívar 213, por más señas haciendo esquina con la Guayaquil; ahí, en la pescadería “La Sirena”, negocio de un viejo traza de gringo, con barba blanca y boina de paño, negocio que olía a diablos, aunque el Quelal, compañero de clase del Segundo, muy versado en asuntos de mujeres, decía que olía a mundo. Es que ahí , en esa casa –ruinas de la Colonia- vivía el Segundito; y, cada vez que llegaba de la U.C., bastante entrada la noche, en la rockola que había en un salón, a continuación del portón de la pescadería, entre pailas de fritada de por lo menos tres días, humo de cigarrillos “El Progreso”, olor a hervidos de canela y limón, puticas declaradas y de las otras, algún marica con aretes, y una sarta de cargadores y taxistas, se escuchaba la voz del Ruiseñor de América, cantando a todo volumen, el bolero “Dos medallitas”.

Ese mismo rato, antes de que se terminara la canción, fue a buscar el disco de 45 RPM. Ahí debía estar, en medio de un montón de esas “joyas” de la música -“joyas”, porque qué pueden hacer esos discos frente al MP3?-. Y mientras que buscaba el disco, recordaba como, después de la fiesta del grado de bachiller, hacía la maleta para ir a Quito a estudiar –aunque su abuela nunca entendió que para profesor había que estudiar-.

Qué cosa… Después de que su padre lo recomendó al valijero de la Flota –don Coralito-el Segundo se fue a la capital. Lucía con prosa el poncho nuevo, azul marino, que su madre la había hecho tejer. Hasta ahora recordaba lo calientito que era, pues recién estaba sacado pelo. En una mano llevaba una cajita de madera, con dos mudadas, y, en la otra, una canasta cubierta con una mantel, para que no se volara una gallina, que era el “agrado” para la señora de la casa donde le iban a dar posada.

Santo Domingo y su pileta; Santo Domingo y la estatua de Sucre ; Santo Domingo y las putas, es lo que más le impresionó al futuro universitario. De pie, frente a la estatua del Abel Americano, no se cansaba de mirarlo y no entendía el por qué tenía la mano estirada, señalando con el dedo a la esquina de la Rocafuerte. Algún versado en historia patria le había informado que Sucre señalaba con el dedo, el lugar donde fue la batalla del Pichincha, aunque el Segundo creía que el gran Mariscal, señalaba la 24 de Mayo, otro lugar de putas, cachineros y borrachos; y así, cuando recién llegó a la capital, imaginaba que todo era una putería.

Al fin encontró el disco “Odeon” de 45 RPM. En el centro, sobre un fondo casi rojo, estaba el título del bolero: “Dos medallitas”. Qué deseos de escucharlo… pero, en qué aparato?

Otra vez había que hacer trabajar a la memoria: ¿cómo llegó ese disco a mis manos?, pensaba el Segundo.

¡Ah, ya! Quito, nuevamente. Don César se había comprometido a cuidar una casa, propiedad de unos “ricachos”, allá en la Floresta. Esos tipos –buena familia- se habían ido de vacaciones a Europa; y, hasta su regreso, don César debía ir a dormir todas las noches.

Un día de esos, el dueño de casa del Segundo – don Cesitar – dispuso que éste le reemplazara. Bien. Excelente. Ir a dormir solo y en una casa de lujo y allá en la Floresta, lejos de ese olor a mundo y lejos de las broncas de las putas con los taxistas…increíble. Llegó el paisanito universitario a cumplir con su trabajo, no importa que fuera de perro guardián.. Fue llevando un libro de lógica, porque el doctor Carrillo le tenía pisado el poncho, y eso que nunca se lo puso en Quito, el azul marino.

¡Qué brutalidad! ¿Así viven los ricos?, pensó. Al entrar, en vez de ese hedor a peje de su casa, olía a perfume francés. Las cortinas, las camas, los muebles… todo era bellísimo, comparado con la “cueva” donde él vivía. Le impresionó un televisor. Le impresionó una ducha para agua caliente, por eso, casi a media noche se bañó largo, cerrando los ojos, pensando que él, miserable estudiante, cada ocho días se bañaba en la piscina del Sena, allá cerca al Machángara. Después, ni pensar que iba a dormir donde don César le había indicado –una huachimanía con colchón al suelo- si tenía a su disposición el lecho calientito y mullido de esa casota de la Floresta ; y, antes de meterse a la cama, observó una radiola, con radio Telefunken, ojo mágico , y tocadiscos New Yorker Algo novedoso para el pobre Segundo. Lo prendió y comenzó a colocar discos. Su dicha fue total cuando allí estaba la canción de moda, su canción: “Dos medallitas”. La escuchó repetidas veces y, como no quería dejar de seguir oyendo el bolero de J.J, se lo guardó para llevárselo a su casa.

Más de cuarenta años y allí tiene a su disco. Es que las cosas no son del dueño, sino del que las necesita.

Agarrado su 45 RPM, a lo mejor pensando en la pescadería, tarareaba la canción, al tiempo que, para sus adentros, se decía: no me robé el disco…. lo rescaté.

“Te quiero,
como no ha querido nadie en este mundo……”

Un post del Licenciado Delacroix

Claridad en la penumbra

De pronto me invitaron mis amigos para dialogar y analizar los múltiples comentarios realizados sobre el tema “Una luz en la penumbra”. A lo que en primer lugar me mencionaron el agradecimiento por la gran preocupación de los estimados lectores sobre el caso en mención, quienes algunos lo hicieron con el corazón y otros simplemente de acuerdo a su personalidad.

El caso es que mis amigos, lo tomaron con la madurez correspondiente, tomando en cuenta muchos de los criterios, como por ejemplo aquellos de que el amor es uno solo, ellos saben de que el amor es así, y cuando la esposa fallece se lleva ese amor a la tumba, pero la vida es como un campo productivo que cuando termina la cosecha se prepara el terreno de nuevo, se siembra una nueva semilla con amor y si es lugar fértil, nace y se reproduce, manteniendo en el recuerdo que la cosecha anterior fue buena, lo mismo lo harán ellos recordando las vivencias anteriores, las que jamás se borrarán de la mente.

Para mantener una relación, dicen ellos, se debe tener amor, cariño, respeto, comprensión y otros valores que serían necesarios para pasar el resto de la vida, disfrutando juntos y con la buena comprensión de los hijos y las familias.

Es cierto, mencionan, que la desaparición de la esposa es reciente, es claro que la herida no se cicatriza todavía, por lo tanto para quienes están preocupados de que la boda será pronto, no es así, es un proceso de algún tiempo pero no mucho porque la vejez no espera y se viene galopando.

Gracias por vuestra aportación, rogando a Dios que esta situación no la vivan ustedes, por cuanto “no es lo mismo predicar que dar trigo”. Gracias y hasta pronto.

Una luz en la penumbra

Una colaboración de “Don Nepa”. Con todo gusto este espacio le abre sus puertas. No se olviden de comentar, que ese el objetivo del post: tener una luz en la penumbra.

Tengo una amiga y un amigo que demostrándome la confianza por demás sincera, me cuentan por separado sus vidas. Mi amiga una damita de unos 48 años, de origen provinciana, se inició en la universidad a los 17 años, se conoció con un sujeto quién abusando de su ingenuidad, procrearon un hijo, menos mal que le obligaron a que se case, luego tuvieron una hija y en poco tiempo más un tercero, lamentablemente en ese período de tiempo su matrimonio fue un martirio, el esposo jamás le demostró amor o sea que fue una relación de aquellas en las que predomina el machismo, palo por que bogas y palo por que no bogas, todo el tiempo ordenando con palabras fuertes tal como lo hace un mayordomo a sus peones. Dios en parte lo sancionó, tuvo un accidente y mi amiga le atendió día y noche por un tiempo hasta que la empresa donde trabaja le envió a EE.UU. después de unos años llegó casi bien de salud, pero su mamá se lo llevó y desde aquella época abandonó a su esposa e hijos, mientras tanto todos los 17 años de ausencia en el hogar mi amiga hizo las veces de padre y madre, sacrificándose trabajando para que no les falte nada a sus hijos quienes hoy ya casi culminan con sus estudios, por esta razón no tuvo tiempo para dedicarse a buscar alguien que reemplace a su pésima pareja.

Por otra parte mi amigo me cuenta que su vida es aparentemente adecuada y normal, por su profesión le tocó recorrer casi todo el país, a los 25 años de edad encontró su media naranja la misma que le acompañó por todos esos recorridos, llevando una vida modesta, alegre, llena de comprensión, mucho amor de parte y parte, procrearon tres hijos quienes asistieron en su oportunidad, a algunas escuelas y colegios a lo largo y ancho del país, hoy los dos primeros son casados y el último está en la universidad, pero como así son las cosas del destino, la esposa a la que le quiso con el alma, vida y sombrero se fue de esta tierra a los 58 años para siempre sin ningún anuncio, dejando un inmenso vacío que según él jamás se podrá llenar.

Estos amigos míos se conocieron hace poco, quienes se gustan mutuamente, mantienen una excelente relación de amigos muy confidentes, saben la historia de la vida de cada uno, tratan de organizarse para ver la posibilidad de formar una linda pareja, pero ella dice que a sus hijos que todavía viven con ella en su propio departamento y son solteros no los abandonará, mi amigo me cuenta que el todavía tiene su responsabilidad con su último hijo, con quien vive en su departamento y tampoco lo dejará hasta que esté en condiciones de volar solo.

Espero de Uds. mis amigos lectores que en sus comentarios nos señalen el camino más conveniente que deberían seguir mis amigos, para de esta forma, dar valor al tema de este escrito “Una luz en la penumbra”.

¿Sal quiteña? ¡My ass!

Estoy seguro que muchos de ustedes, queridos visitantes, han escuchado del término “sal quiteña”, especialmente si viven en este país medio mundista (estamos en el medio del mundo ¿cierto?). Y es que dicen que los quiteños tienen esa “sal”, esa picardía que los hace diferentes y que muchos admiran. Talvez sean buenos para contar cachos (sobretodo si el protagonista es un “pastusito”), pero de ahí a que su sentido del humor sea especial, o que realmente tengan esa sal de la que tanto “sacan pecho”, no lo creo.

Viví muchos años en Quito y nunca me encontré con alguien de esas tierras que me haga creer que lo de la “sal quiteña” realmente existe. Siempre me pareció que el humor pastuso estaba muy por encima de la fama humorística de los capitalinos. Obviamente durante mis años universitarios tuve que soportar los típicos cachos de pastusos, incluso por parte de algunos profesores. Aunque los chistes del “Pato Vallejo” (el profe de Física, muy buen profesor, muy buena gente) no eran para hacernos quedar mal a los pastusitos de su clase o algo por el estilo, más bien los contaba como una muestra del aprecio que sentía por estos lares norteños. Manera no muy ortodoxa de demostrar aprecio, pero parece que eso del “cariño pastuso” (manera tosca y burda de demostrar cariño) se le había pegado en sus cortos viajes a tierras altas.

A los highlanders, además de pastusos, también nos conocen como caballos. Es así que nunca faltaba el típico quiteño que quería saber el por qué de esa manera de llamarnos.

– Ve, Phantomff ¿Por qué les dicen caballos a ustedes los pastusos?
– Originalmente nos llamaban burros, pero el por qué resultaba demasiado obvio.
– ¿eh? ¿uh?
– ¿Sabes por qué a las quiteñas les dicen carretas?
– No, ¿por qué?
– Porque se dejan tirar por caballos. Topamos pana, nos vemos.
– ¿eh? ¿uh?

Claro, no soy el único pastuso que tengo ese punto de vista sobre la sal quiteña, para muestra otro botón, la opinión de mi coterráneo “el que ya saben” (no, no es que ustedes ya saben quien es, lo que pasa es que ese es su nickname) no difiere mucho de la mía. Citándolo:

“…pero desde ese instante se me quedó la careta de este medio orangután como el arquetipo de algo que tengo que soportar casi a diario en mi escasa vida social en la ciudad capital, lo que aquí a algunos les da por denominar la “Sal Quiteña” que en lenguaje para legos se traduce como “Los chistes mas sangrones del mundo” que para poder mezclarse entre los capitalinos hay que saber aguantar con el siguiente truco: aprietas bien los dientes (esto es para que tus jugos intestinales no salgan disparados pues después del chiste comenzarán a bullir como lava del Krakatoa) pones la sonrisa de puerco hornado mas falsa que te salga, haces un sonido como de perro con asma para que crean que es una risa, y ya unos 10 o 20 segundos después pasaste la prueba de fuego de escuchar el fabuloso sentido del humor de algunos capitalinos, y tu círculo de amigos, intacto.”

Y mis sospechas de que la famosa “sal quiteña” no existe se confirmaron cuando el propio Carlos Michelena lo dijo. En La Kombi lo entrevistaron y le preguntaron algo así como “¿qué se siente ser el mayor representante de la sal quiteña en el Ecuador?” a lo que don Carlos les respondió que el no tiene sal quiteña, es más, ni siquiera es quiteño (no me acuerdo de donde dijo que era) y que (aquí viene lo principal) el cree que los pastusos tienen más sal que los quiteños.

Estimados amigos quiteños, despierten; la sal quiteña no existe, es un mito, una leyenda urbana, una fantasía. Ni siquiera el famoso “Don Evaristo” es de Quito, él nació en Ambato.

No me entiendan mal, no tengo nada contra la gente de capital, tengo familia y grandes amigos que son quiteños, la gente es buena, la ciudad es linda, pero eso no significa que tenga que aceptar la leyenda de la “sal quiteña”.

Si la sal quiteña se usara para condimentar los alimentos ya estuviéramos acostumbrados a comida deshabrida.