Archivo de Septiembre, 2005

Sep
15
2005
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¡ Atención, unidad móvil…… Conecte…… accione…. al aire…!- Y toda la gente, en las oficinas, en los taxis, en los mercados, en la calle, sintonizada la Emisora Gran Colombia, en cadena con Ondas Carchenses, escuchaba sin perderse el mínimo detalle, la transmisión de la vuelta ciclística al Ecuador. La transmisión se la escuchaba “en movimiento y desde la carretera, que es lo importante”.

Para ese tiempo, ´´Epoca de Oro “del deporte del pedal en el norte ecuatoriano, una vuelta ciclística era el evento máximo esperado por todos. No había ciudadano de la provincia del Carchi que no supiera de memoria los nombres de sus ídolos; que el “Achupallero”; La Ardilla de la montaña”; “El Cóndor de los Andes”; “El Lobo”; “El Buey”; el “Negro Imbacuán”; El Padilla; El Madruñero; El Gualagán, etc. Realmente rozaba con el fanatismo la afición al deporte, en el que el “caballito de acero”, era el recurso primordial para el triunfo, el mismo que debía ser Monarck o Vitus, pero siempre “acampañolado”.

Un árbol del parque principal de Tulcán, se fue al suelo para rendir su homenaje a los ciclistas coronados con laureles, según la expresión de don Gilberto, orador y poeta. Claro que el árbol era viejo y no soportó el peso de los curiosos por mirar de cerca de los campeones..

Los locutores de Gran Colombia, “La voz deportiva de la Capital”, contratados por don Eduardo Cevallos Castañeda – el Mocho- se esmeraban en emular a los grandes narradores de las vueltas a Colombia. Para el “Lito”, Edgar Villarroel, el “Gato” Zambrano, el Luky Caicedo, los colombianos: Carlos Arturo Rueda C., Alberto Piedrahita Pacheco, Héctor Urrego Caballero, Julio Arrastría , eran sus maestros y a ellos había que imitarles. Es que en Colombia el ciclismo ha sido el deporte fuerte, desde la época de Ramón Hoyos, “Pajarito” Buitrago, “Cochise”, el “Jardinerito” Lucho Herrera, y toda una pléyade de astros de la bicicleta.. El Carchi, provincia vecina, siguió sus huellas. La gente se mostró siempre solidaria y colaboradora, a tal punto de mitificar a los deportistas que pusieron muy en alto los colores de este suelo.

En el Carchi se paralizaban las actividades para escuchar la transmisión de las etapas.
-Atento…. atento….. atento…. atento….. por favor darme un comprendido….- Era la retahíla de los locutores del transmóvil de Gran Colombia.. Por más que doña Leonor, administradora de la Emisora, se esforzaba con sus gritos en tratar de que el ingeniero - Cesitar Maldonado dirigiera bien la antena para salir al aire, no se podía conectar, y continuaba la cantaleta: atento… atento… atento.

El asunto era grave y preocupante, porque se debía devengar lo que las firmas comerciales habían contratado para su publicidad; sin embargo, a veces la alegría era inmensa cuando las repetidoras portátiles colocadas en alguna loma, hacían el milagro de sacar la señal al aire. “Cañón….. cañón!”, gritaba en el estudio don Eduardo.
-¡Leíto, Leíto, al terminar la etapa, lleve al personal al hotel “La Herradura”, es el mejor de Bahía, porque la transmisión está saliendo cañón… cañón- instruía por interno el jefe.

No todas las cosas salen siempre de lo mejor. Aquella etapa, que en esa ocasión finalizaba en el precioso balneario de Bahía, ampliamente fue transmitida; y si la transmisión fue excelente, más aún fue el trato que doña Leo dio al personal, a tal punto que los locutores de planta, se pasaron de copas. Doña Leo, que era una verdadera madre, no se había acostado y, desde una balcón de “La Herradura”, esperaba angustiada el regreso de sus locutores, puesto que la etapa del siguiente día era muy exigente.

Ya en horas muy avanzadas, desorientados por las copas brindadas, el “Lito”, el “Gordo” Villarroel y el “Gato, buscando el hotel, oyen que desde un balcón alguien les llama, insistiéndoles a que entren pronto. El “Lito”, el más avispado del grupo, levanta la mirada y observa que era una mujer quien les llamaba; a lo que él, haciendo un gesto morboso, le responde que ya suben y que, “cuánto”.. La borrachera desapareció, al darse cuenta que esa mujer era doña Leonor, y que el balcón correspondía al hotel que andaban buscando. Todo el siguiente día, no probaron ni un bocado y los reproches de la jefa, fueron permanentes.

En otra vuelta, yo conducía un carrito Chevrolet “Amigo” (Algunos años dediqué a la dirigencia deportiva y a las transmisiones con Gran Colombia), el que lucía una pancarta que decía: Unidad móvil No. 1. Como casi siempre, la señal no salía, y el compromiso de las cuñas apremiaba. Cuando pasaron los ciclistas por la población de Ventanas, allá en la Costa, doña Leonor dispuso a que fuéramos a una cabina telefónica y, con la nómina de los participantes en la mano, conectados telefónicamente con los estudios centrales en Quito, empezara a narrar con toda la emoción de un carchense viviendo las emociones de su equipo. Qué piques, qué escapadas, alguna caída, varios retrasados….. Todo lo narraba, como si lo estuviera observando, a pesar de que, a lo mejor, ya era una media hora, de lo que por allí pasó el “pelotón” de competidores. No sabía ya qué decir, y doña Leo, de pie, frente a mí, me insistía a que continuara narrando de memoria, los pormenores de esa interesantísima etapa.

-Allí vemos al “Mechudo” Gualagán….. regresa a ver…. se asegura su calapiés izquierdo…. se levanta de su sillín, y mandando la de arar al eje, arranca. El pelotón se parte, y el “Mechudo” se va…. se va en busca de la victoria….!

Estas cosas escuchaban emocionados los fanáticos en Tulcán; y, mis compañeros de la Radio, empezaron a llamarme, “el loco de la cabina”.

Años de mi vida, primorosamente desperdiciados. Solo el eco y el recuerdo me han quedado: atento,,,,, atento….. atento…… por favor darme un comprendido….!

El Licenciado DelacroixUn post del Licenciado Delacroix

Sep
12
2005
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He salido favorecido en un sorteo trucho de Aldo. ¿El premio del sorteo? publicar la encuesta que él también ha publicado.

Encuesta:

  • ¿Desde cuándo visita el blog?
  • ¿Cómo llegó?
  • ¿Le interesaría leer algo más o está todo bien hasta ahora?
  • ¿Qué tipo de contenido preferiría encontrar aquí?
  • ¿Está contento cuando viene? ¿Su estado de ánimo cambia después de su visita?
  • ¿A Phantom, usted lo compararía con…?
  • ¿Cuál fue el post que más le ha gustado?
  • ¿Le gusta el diseño del blog?
Sep
6
2005
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Parece raro el que por título haya puesto estos números. El asunto es que hoy celebramos el trigésimo sexto aniversario de matrimonio – otra vez el número 6 y el 3, mitad del seis- No se trata de ninguna cábala, peor de números utilizados en los aquelarres, Simple coincidencia: nos desposamos un 6 de septiembre del año 1969. ¡Qué aguante!, nos han dicho algunos- Más bien considero una bendición de Dios: 36 años de haber compartido una vida, sorteando miles de dificultades, enfrentando problema tras problema, pero con “ñeque” de pastuso estanciero, porque soy las dos cosas.

Mirar la vida desde la cima de 36 años coronados, a uno le permite remontarse más allá de un horizonte distante, con alegrías y nostalgias; con aciertos y fracasos; con triunfos y amarguras… pero lo que cuenta en este instante, 6 del noveno mes del año 2005. Mi esposa, ya no es la chiquilla foránea, tan flaquita, que cuando se tragaba una pepa de capulí, parecía estar embarazada; ya no es la muchachita a la que podía abrazarla y abotonarme la chaqueta; ya no es la noviecita que podía acostarse en el larguero de la cama y cobijarse con una corbata, ni caminar bajo la lluvia, sin mojarse. Hoy, luego de 36 años de ser mi compañera, mi amiga y la madre de mis hijos, tiene su papada que le da seriedad a su expresión; tiene sus “llantitas” que le imparten gracia a su caminar; pero su risa sigue siendo la misma: estereofónica y contagiosa. Su sentido del humor no ha variado y, lo que es más, su vocabulario grueso ha mejorado, pues está convencida de que las malas palabras, oportunas y graciosas, combaten el estrés y llenan el ambiente de contento y picardía.

En este aniversario, he tenido tiempo para reflexionar y hacer un inventario de lo vivido. Sé que hoy es fácil casarse y , mucho más fácil, divorciarse. Sé que hoy está de moda el dar madrastra o padrastro a los hijos. Sé que hoy un compromiso matrimonial es algo formidable, grandioso, pero por la fiesta, los arreglos, los trajes sacados a plazos. La música, los regalos, que van desde una licuadora, hasta las llaves de un auto último modelo, pasando por pasajes para viajes primorosos. Bueno, así, cualquiera se casa.

Desde la cumbre de mis treinta y seis años de casado, recuerdo como fue mi matrimonio: yo, el novio, modestísimo maestro de colegio. La novia, estudiante universitaria de primer año, que ante la muerte de su madre y el haberlo conocido a su padre, todo quedó allí. La fiesta, en el patio de la casa de mis abuelos, casita de campo con rumor de río incluido. Los licores: puntas traídas de Chucunés, preparadas para que sean bebibles. La música –eso si con orquesta- claro que yo mismo era el maestro mayor, el director, el dueño, etc. Los integrantes: cinco colegiales: el “Gato” Zambrano, el Julio “Huevo”, el “Viejo” Vásquez, el “Colorado” Wilo y el Carlitos Rueda. Este último era el que nos proporcionaba el transporte: esperaba a que su padre se durmiera y se “sacaba” un Willys de la segunda guerra mundial - con cariño le decíamos Jerry Lewis- Le sonaba hasta la pintura.

Los regalos eran cositas insignificantes pero llenas de mucho afecto. Recuerdo dos regalitos, los más importantes: un cenicero de murano azul y un salero de arcilla. En forma de manzana Recuerdo que también sufrí mi primera desilusión en el trabajo, puesto que pasé el parte y la invitación a todos mis compañeros, desde el Rector hasta el conserje: fueron demasiados pocos los que asistieron .-Al menos eso me valió para no involucrarme nunca en alguno de los grupos odiosos que suelen formarse en l os lugares de trabajo-

Empezamos a vivir en un “departamento” que arrendamos, si es que departamento se llama a tres cuartos vacíos, con patio de por medio para llegar al baño, con un perro insoportable que nunca se hizo nuestro “amigo”, y una dueña de casa que sacaba la cabeza, cada vez que alguno de nosotros se asomaba al patio.

Con sueldo de “pobresor”, sin posibles herencias y con deudas, comenzamos a caminar estos 36 años. Ni siquiera teníamos una bacinilla, y era un tarro de galletas “Gloria”, el práctico utensilio que ayudaba a evacuar las líquidas necesidades nocturnas.

Hoy, después de tres décadas y media, la cosa es diferente. Nuestro amor, más firme y sólido. La armonía del hogar, superior a la de los “Gatos”: y, lo que es más, tenemos tres haciendas y una la estamos negociando. Si increíble, pero cierto. Las tres haciendas son nuestros tres hijos profesionales; y, la cuarta, nuestro último hijo que está por finalizar su carrera universitaria.

Gracias a la vida. Gracias al Señor, por habernos permitido ser príncipes a nuestra manera, como dice una leyenda en el guardafango de una “chiva” colombiana.

El Licenciado DelacroixUn post del Licenciado Delacroix

Sep
6
2005
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Soy bastante malo para recordar fechas como cumpleaños y santos. En mi familia casi todos festejamos cumpleaños el mismo mes y con pocos días de diferencia entre uno y otro. Pero aún así me olvido, hasta el día anterior estoy pendiente, y llegado el momento siempre es alguien más que me lo tiene que recordar.

Hoy me pasó eso y fue precisamente uno de los implicados en el aniversaricidio quien me hizo recordar la fecha especial. Poco antes de empezar nuestra rutina ciclística matutina (apenas hace una semana que retomé las andadas en el caballito de acero -tengo una idea para un camiseta con la frase “caballito de acero” que mejor ni les cuento- espero esta vez no botar la toalla) mi papá me dice: “a esta hora hace 36 años tu mami y yo nos casábamos”. Me había olvidado una vez más, a pesar de que mi hermana lo mencionó ayer; lo olvidé.

La piedra se desmorona y el calicanto falsea,
no hay amor que dure tanto por más constante que sea.

Así dice la letra del albazo que estoy seguro casi todos los que habitamos en este país con nombre de línea imaginaria hemos escuchado alguna vez. Al ver el ejemplo de mis padres veo que eso no es cierto y que si hay amor que dure.

Alguna vez mi papá me decía que de gana se iba a poner a pelear por tonteras con mi mami, ¿para qué? -decía- si ella es mi compañera, la que siempre ha estado y posiblemente la única que estará ahí, conmigo.

Hay muchos que no creen en el matrimonio, talvez yo estaba en ese grupo hace un año cuando, justamente, celebraba los 35 años de matrimonio de mis papás. Con el ejemplo de vida en pareja de mis padres, con lo que me decía mi tío justamente en el post del aniversario del año pasado, ¿cómo no creer en el matrimonio? ¿cómo perder la esperanza de encontrar a una compañera de vida?

Un año más, 36 años en total. Ojalá algún día yo pueda tener una celebración de esas.