Tiputini

Tenía que asistir a la proclamación de abanderados de mi Colegio; y, aunque consciente de que aquello era un acto muy solemne y de profundo contenido cívico, le tenía poco interés, puesto que habíamos recibido una invitación para ir a pasar los días de carnaval, al Tiputini, allá en el corazón de la amazonía ecuatoriana.

Cinco personas, tres hombres y dos mujeres, abordamos el vehículo, un Vitara 4 x 4. Había que iniciar el itinerario conociendo la vía nueva que, a decir de algunos políticos, será la Trans Oceánica. De Julio Andrade, tomamos la ruta con destino al Oriente, esperando llegar a la primera población, Santa Bárbara. Sufrimos la primera mamada de gallo por parte de unos campesinos –por eso nos dicen pastusos caballos- quienes, al preguntarles cuál era la vía para Santa bárbara, sencillamente nos remitieron al Carmelo.
Una vez dejado atrás Santa Bárbara, comenzamos a descender hacia La Bonita. La vegetación exuberante. La selva, en plena serranía, impresionante. La carretera, angosta y destapada. El paisaje, hermoso. La naturaleza, pródiga.

Después de un lapso considerable, llegamos a la carretera asfaltada. Un gran trabajo en medio de una sobrecogedora soledad. A momentos, recordaba lo que un amigo había dicho, que en esos tramos de la vía, suelen asaltar a los carros, gentes que se toman el nombre de la guerrilla y ocasionan un gran mal a los viajeros.

Rosa Florida, San Pedro de Cofanes, y otros pequeños puntos de nuestra geografía, iban quedando atrás, hasta que llegamos a Lumbaqui, población ubicada a orillas del Aguarico.

El entorno amazónico se insinuaba, y más aún, cuando las tuberías del oleoducto, los tanqueros, el color amarillo de botas y cascos, se observaba a cada paso. Una emoción indescriptible cuando llegamos a Santa Cecilia; emoción, porque allí se deja ver el fuego de las torres de los pozos petroleros. Pensar que ahí, en esa región de nuestro oriente, se comenzó a explotar el oro negro, cuando la dictadura y el comienzo del boom petrolero.

Se nos recomendó que no era conveniente ingresar a la ciudad de Lago Agrio y que podríamos ahorrar tiempo, cruzando el Aguarico en Gabarra. El solo hecho de mirar a ese río, ya imponente en su caudal y teniendo a la otra orilla un sol rojo e inmenso por entre la vegetación selvática, me llenó de nostalgia y alegría: recordar las clases de la escuela, cuando este nombre, Aguarico, era el escenario inicial de la hazaña de Orellana.

Por fin, luego de dejar al filo de la carretera a la Joya de los Sachas y de habernos familiarizado hasta con el olor a petróleo del ambiente, arribamos al Coca o Francisco de Orellana. Qué gentileza de nuestro anfitrión, el coronel Arturo Vizcaíno, quien, después de una breve y saludable tertulia, nos recomendó ir a descansar, puesto que el viaje que nos esperaba al otro día, sería largo y con más emociones.

Allí, en el Coca, nos juntamos con el resto del grupo aventurero: un médico venido de Río de Janeiro, un joven arquitecto y un maestro jubilado y su esposa.
Esa noche se desató una tormenta terrible. El agua caía a cántaros y los rayos y truenos asustaban. No logré dormir bien, pese a la fatiga del viaje, porque la tormenta me hacía pensar en lo difícil y peligroso que habrá sido para don Francisco de Orellana, el llevar a cabo aquella odisea del descubrimiento del Río Mar. No sé por qué, pero todos los hombres que integrábamos el grupo, habíamos coincidido en lo mismo: el pensar en esa acción épica de la historia.

El viaje, aguas abajo por el río Napo, en un deslizador del ejército, fue sencillamente grandioso: los remolinos, los islotes, los bancos de arena, ese descomunal brócoli que es la selva virgen, y las casitas que, muy de vez en cuando, se asomaban a la ribera para gritarnos sus nombres, Providencia, Garzococha, San Roque, Pañacocha, junto con una lluvia pertinaz y la habilidad del “motorista”, nos permitió arribar al Tiputini, un pueblito casi sin calles, perdido entre la selva tropical, bajo un calor y una humedad tremendos, donde la gente, lo único que tiene es tiempo.

El coronel Montiel nos dio la bienvenida. Su cuartel es lo mejor del Tiputini. Los soldados, a pesar de la inmensa soledad, cumplen su tarea cívica en medio de comodidades de primera categoría para su medio: piscina, canchas, talleres, pistas, casino, etc.

Considero que esta oportunidad de conocer a mi Patria desde otro ángulo y otra realidad, ha sido única. Solamente conociendo el suelo patrio se lo puede amar y se puede sufrir con él. Qué bello mi Ecuador. Qué impresionante su paisaje salvaje. No se me quita la idea de que sería positivo el lograr que los estudiantes, para optar su título de bachiller, deberían acercarse a esta región de nuestro territorio, antes que embrutecerse en las discotecas, a pretexto de paseo de fin de estudios.

Un día de aquellos, salí a pasear a la orilla del Napo y saludé con el “motorista” del deslizador, que limpiaba su potrillo, como cuando uno encera su auto. Entre otras cosas, me explicó que el río, al igual que una carretera de primer orden , tiene sus señales que le permite al piloto conducir su nave sin ningún problema; y, algo que me invitó a reflexionar, fue cuando me comentó que él les tiene lástima y pena a esa “pobre gente” que vive en Quito. No sé, decía, cómo es que soportan ese aire contaminado, ese ruido, ese gentío, ese cambio brusco de temperatura; y, más todavía, no sé qué hacen para vivir , porque aquí, a nosotros, el río nos da todo; si necesitamos algún dinero o comida, el río nos proporciona.

Ha pasado el tiempo, y de mi recuerdo no se borra aquella experiencia única y aquella apreciación que, sobre la civilización, tiene un compatriota que ha encontrado todo, hasta su felicidad, en el corazón de la amazonía.

A nosotros nos falta tiempo para todo. A él le alcanza y le sobra, porque solo tiene tiempo y no tiene más nada. Ah, y también tiene lástima por nosotros, los de la ciudad.

El Licenciado DelacroixUn post del Licenciado Delacroix

La raposa: buena para las espinillas (a la grande le puse Cuca)

Raposas

Solo una vez en mi vida he visto una raposa y ese es un recuerdo muy vago. Recuerdo que el “Cuco”, uno de los perros de la casa de mis abuelos, salió a enfrentarse con la raposa que todos querían atrapar y eliminar para evitar que siga diezmando a la ya poca cantidad de gallinas que habia en el gallinero de la casa en la que pasé casi toda mi niñez. Siempre he pensado que los perros son más hábiles para atrapar roedores, los gatos más bien suelen tener mayor facilidad e inclinación para atrapar murciélagos, bueno por lo menos eso es lo que ví y comprobé en mis años de infancia. Y aunque en este caso no se trataba de un roedor (las raposas han sido mamíferos marsupiales, universalmente más conocidas como zarigüeyas) los perros cumplieron un papel principal pero que tuvo un trágico resultado: el “Cuco” se enfrentó con la raposa y fue mordido en la cara, desde entonces y hasta que murió años después una nube apareció en uno de sus ojos. La raposa fue acorralada, gracias al enfrentamiento con el “Cuco”, y fue muerta para posteriormente arrojar su cuerpo al río dentro de una “talega”.

Hace poco la Lupita, la graciosa gordita y siempre lista a entablar conversación señora que ayuda en la casa con los quehaceres domésticos hizo que me acuerde de las raposas. La “boquita de cuete”, como cariñosamente la llamamos debido a su increíble capacidad para hablar sin parar y siempre tener un tema de conversación, me comentó que un tío suyo llegó a su casa con una raposa muerta y se la dio para que la “prepare” en una sopita.

¿WTF? ¿Sopa de raposa? Nunca había escuchado que se hacía eso y hoy averiguando parece que en otros lados (como en Loja) es un plato bastante común.

Hoy en la mañana, mientras yo apenas terminaba de saludarla ella ya me estaba contando lo que le había pasado antes de salir de su casa: encontraron una raposa, la acorralaron y la mataron. “Entonces ya tiene, Lupita, para que se haga una sopa” le dije de forma graciosa. “Si, se quedaron pelándola para prepararla hoy en la noche. Eso si yo me tomaré la sopa en la cama porque la última vez me mandó de una a dormir” me contestó.

“Y según su papi también esa sopa ha sido buena para las espinillas” terminó diciendo mientras bajaba hacia la cocina.

Entonces ya saben, si tienen problemas de acné y espinillas no busquen más, aquí está la solución, siempre ha estado allí: una sopita de raposa.

Buen provecho y adiós espinillas.

Solo por una tilde

Época de la dictadura militar. El Bombita estaba en el poder.

En vista de que el Rector del Colegio se había acogido a los beneficios de la jubilación, yo, en calidad de Vicerrector, había asumido el rectorado hasta que fuera designado el titular.

No sé, pero a veces pienso que ha sido un error mío el no haberme interesado jamás en ocupar una dignidad. He tenido oportunidades en la vida, pero he sido de la idea de que el poder corrompe y lo vuelve dependiente, y de que más labor se hace desde abajo; por eso, cuando mis colegas me plantearon de que aceptara el rectorado del Bolívar, me disculpé y me comprometí a servir a mi Establecimiento, cumpliendo el encargo que se me había hecho.

Un buen amigo y compañero de docencia, era el Director de Educación, por disposición de la dictadura. Él, a lo mejor queriéndome ayudar, me propuso también el Rectorado. Tampoco le acepté, argumentando entre otras cosas, que era muy joven para ello.

Después de un tiempo, mi amigo director de educación, asumió la Dirección Nacional de Educación, lógicamente por influencia de los militares que gobernaban, y, aprovechando tremenda coyuntura, fue nombrado Rector del Colegio Bolívar, pero para posesionarse cuando se terminara la dictadura. La amistad con un patojito que era el Ministro de Educación, le sirvió mucho a mi amigo. Hasta mientras, yo continuaba encargado del Rectorado del Plantel. La tarea educativa seguía su rumbo sin mayores novedades ni contratiempos.

La dictadura militar llegó a su fin, y el Director Nacional de Educación volvió a su provincia a posesionarse en su nueva función que la tenía reservada para cuando llegare este momento.

Un día lunes, de la semana del 19 de Noviembre de 1979, se posesionó el flamante Rector, y yo volví a las funciones de Vicerrector. Esa semana, entre otras actividades, se preparó el desfile cívico para el 19. En realidad, con la gallardía de siempre, el colegio desfiló con su alumnado y su personal docente. El nuevo rector, en primera fila y con terno nuevo, recibió aplausos de la gente, ubicada en las aceras, a lo largo de la Calle Real. Qué desleal es la gente. Qué insincera y qué fácil es el dar cabida a resentimientos crecidos en el ambiente politiquero.

Es increíble; pero lo que ocurrió es que a los ocho días exactos de haberse posesionado la Primera Autoridad, estalló la huelga, al tenor de que no se podía ni se debía aceptar como Rector del Decano de la Educación en el Carchi, a un “lacayo” de la dictadura; y, al grito callejero de “abajo el Somoza tulcaneño”, el conflicto tomó cuerpo.

En el planteamiento inicial, los cabecillas de la huelga, habían incluido a dos profesores más : a un docente de Biología y a otro de Matemática. Es curioso, pero un profesor de Educación Física, ya sabía lo que se iba a perder de su gabinete.

La ciudad de Tulcán se alarmó, puesto que ya eran doce años de lo que no se había hecho una huelga; por lo tanto, los padres de familia y los profesores, celebraron una asamblea en el Salón Municipal, para conocer en detalle el problema. Recuerdo que entre los oradores, llevó la palabra un señor, que sin ser padre de familia, lo hacía a nombre de ellos y, con lágrimas en los ojos, manifestaba identificarse con el pueblo humilde, marginado –claro que eso lo decía de memoria, porque él era un “chulquero”-También impresionó con su verborrea un Ex –Rector, quien no solo que respiraba sino que también hablaba por la herida. Él gritaba para convencer de que ya era hora de rescatar al Bolívar, porque no se puede tolerar a un rector fruto de la dictadura, ni a un Vicerrector quien, durante su encargo, todo lo dejó hacer y todo lo dejó pasar. Cómo es posible, decía, que en el leccionario, un profesor escribiera en la casilla de tema tratado, “no dicto clase”, y lo ratificara con su firma. Y el encargado del Colegio, ¿qué? ¡Nada!

Se conformó una comisión para dirigirse al edificio del Colegio, allá en el norte de la ciudad, y traer a los líderes de los estudiantes rebeldes y luchadores, que se sacrificaban por alcanzar el progreso de su Casona. De hecho, en la comisión se incluyeron los dos principales oradores. Se sabe que en el trayecto del Colegio al Municipio, se incluyó en el “pliego de peticiones”, el nombre del Vicerrector. Éramos entonces, ya cuatro los implicados en la huelga. El respaldo, por parte de los padres de familia, compañeros docentes, de administración y de servicio, fue grande a favor de los cuatro. Nada valió y tuvimos que dejar el Bolívar para que volviera la tranquilidad y todo se encauzara normalmente.

La denuncia que hizo el Ex, me dejó intrigado: no podía entender que un profesor pusiera en la casilla del tema tratado, “no dicto clase”, y firmara corroborando su actitud irresponsable, sin que la primera autoridad ni nadie lo advirtiera. Hice la investigación y, en realidad, así estaba en el leccionario….. lo único que variaba era que quien firmaba era un inspector, y lo que quería anotar len la casilla pertinente del leccionario, era la ausencia de un profesor. Lástima que no puso la tilde y, en lugar de puntualizar, “no dictó clase”, lo hizo sin la tilde. Solo una tilde, fue la razón que esgrimió el Ex, para que yo también pasara a ser un Ex del Bolívar.

De mi parte, yo no guardo rencor, ni a los huelguistas ni a los que los manipularon hábilmente. Gracias jóvenes, su actitud de “rebeldía y de lucha” –repito, manipulada como siempre- hizo que mi vida cambiara y se cumplió aquella sentencia de que no hay mal que por bien no venga.

De eso acá , han transcurrido 26 años. Otra vez la misma lucha. Otra vez los estudiantes manipulados; y, lo que es peor, aún están algunos de los mismos que, por debajo, hacen que se muevan las frutas.

El Licenciado DelacroixUn post del Licenciado Delacroix

Nuevo blog: Geek/2, parafernalia tecnológica desde el punto de vista de un simple mortal

Geek/2

Hace un buen tiempo venía la idea Geek/2 en mi cabeza, hace algunos meses creé el subdominio pero apenas anoche quedó todo a punto y hoy lo presento oficialmente a la sociedad.

¿Para qué otro blog si apenas puedo con este? Bueno, CeroCuatro es mi blog personal, mi “querido diario” si así lo prefieren. Asuntos casi siempre personales y cotidianos tienen cabida aquí. En cambio en el otro se tratarán temas que le interesan al lado geek del autor pero que tal vez no sean del interés de los habituales visitantes de este sitio. Es así que para no mezclar los dos tipos de contenido he decidido separarlos en dos blogs diferentes.

¿Pero qué mismo es Geek/2? “Parafernalia tecnológica desde el punto de vista de un simple mortal” ese es, en resumen, el espíritu y el rumbo que espero darle al sitio. Y según el “Acerca de…” de Geek/2 tenemos que: “Geek/2 es un weblog creado para hablar, comentar, mostrar, copiar y pegar temas relacionados, básicamente, con la tecnología y el internet. Todo esto desde la perspectiva de alguien que se encuentra muy lejos de ser un geek o un experto en computación u otros temas tecnológicos.”

Sin más solo me queda hacer la presentación oficial; señoras y señores, con ustedes: Geek/2, el weblog medio geek de Phantom.

De la encuesta por encargo del post anterior he obtenido información interesante pero no por eso menos escalofriante. El equipo de estadísticas y procesamiento de datos de CeroCuatro.net (conformado por 8 cuyes voladores con implantes obtenidos de los cerebros congelados de científicos alemanes de la época de Hitler) me ha entregado hace poco los resultados del análisis de la encuesta en mención.

No sé si sentirme contento o atemorizado con los resultados, especialmente con los arrojados con las respuestas a la pregunta 6 de la encuesta (¿A Phantom, usted lo compararía con…?). Es obvio, talvez dirán ustedes, que se tengan diferentes apreciaciones de una misma persona a través de sus escritos, pero el asunto es que muchas de esas personas no solo visitan el blog y me conocen por lo que escribo sino que me conocen personalmente o por lo menos me han visto alguna vez en carne y hueso.

Entonces ya sea solo leyéndome o habiéndome conocido y tratado personalmente el resultado es el mismo: I’m a freak. Ya lo sabía pero había tratado de alargar el proceso de aceptarlo.

Cada uno de los encuestados que se aventuró a responder la sexta pregunta se basó en alguno de los aspectos de mi personalidad reflejado ya sean en mis escritos o en mi forma de actuar, lo magnificó y busco una referencia, una comparación. Si sumamos cada una de esas comparaciones se tiene entonces una imagen más amplia y completa del comparado (es decir, de mí). El resultado (nuevamente lo recalco): soy un freak. ¿O qué más se puede concluir si se tienen respuestas como las siguientes?

Kif KrokerSegún Satan’s little helper yo soy como Kif Kroker

Chuck NorrisPara Fernando Pacheco yo bien podría haber protagonizado “Walter (no, no es Walker, estamos hablando de la versión criolla), el ranger de Texas”. Así es, yo = Chuck Norris

Brad Pitt - Deuce BigalowMi estimada Edipa dijo: “sex symbol de elección”. Pero hay algunos tipos de sex symbols de elección, entre ellos: los que por elección mayoritaria son catalogados como tales (Brad Pitt) o los que por circunstancias y coincidencias han elegido tratar de serlo (Deuce Bigalow)

Rolando VeraProyecto una imagen de Rolando Vera, según el creador de esta encuesta, Aldo Dager

ChampúsPor todo lo anterior creo que Ara tuvo toda la razón al decir que soy un “champús”, una mezcolanza de todo.

El Loco de la cabina

¡ Atención, unidad móvil…… Conecte…… accione…. al aire…!- Y toda la gente, en las oficinas, en los taxis, en los mercados, en la calle, sintonizada la Emisora Gran Colombia, en cadena con Ondas Carchenses, escuchaba sin perderse el mínimo detalle, la transmisión de la vuelta ciclística al Ecuador. La transmisión se la escuchaba “en movimiento y desde la carretera, que es lo importante”.

Para ese tiempo, ´´Epoca de Oro “del deporte del pedal en el norte ecuatoriano, una vuelta ciclística era el evento máximo esperado por todos. No había ciudadano de la provincia del Carchi que no supiera de memoria los nombres de sus ídolos; que el “Achupallero”; La Ardilla de la montaña”; “El Cóndor de los Andes”; “El Lobo”; “El Buey”; el “Negro Imbacuán”; El Padilla; El Madruñero; El Gualagán, etc. Realmente rozaba con el fanatismo la afición al deporte, en el que el “caballito de acero”, era el recurso primordial para el triunfo, el mismo que debía ser Monarck o Vitus, pero siempre “acampañolado”.

Un árbol del parque principal de Tulcán, se fue al suelo para rendir su homenaje a los ciclistas coronados con laureles, según la expresión de don Gilberto, orador y poeta. Claro que el árbol era viejo y no soportó el peso de los curiosos por mirar de cerca de los campeones..

Los locutores de Gran Colombia, “La voz deportiva de la Capital”, contratados por don Eduardo Cevallos Castañeda – el Mocho- se esmeraban en emular a los grandes narradores de las vueltas a Colombia. Para el “Lito”, Edgar Villarroel, el “Gato” Zambrano, el Luky Caicedo, los colombianos: Carlos Arturo Rueda C., Alberto Piedrahita Pacheco, Héctor Urrego Caballero, Julio Arrastría , eran sus maestros y a ellos había que imitarles. Es que en Colombia el ciclismo ha sido el deporte fuerte, desde la época de Ramón Hoyos, “Pajarito” Buitrago, “Cochise”, el “Jardinerito” Lucho Herrera, y toda una pléyade de astros de la bicicleta.. El Carchi, provincia vecina, siguió sus huellas. La gente se mostró siempre solidaria y colaboradora, a tal punto de mitificar a los deportistas que pusieron muy en alto los colores de este suelo.

En el Carchi se paralizaban las actividades para escuchar la transmisión de las etapas.
-Atento…. atento….. atento…. atento….. por favor darme un comprendido….- Era la retahíla de los locutores del transmóvil de Gran Colombia.. Por más que doña Leonor, administradora de la Emisora, se esforzaba con sus gritos en tratar de que el ingeniero – Cesitar Maldonado dirigiera bien la antena para salir al aire, no se podía conectar, y continuaba la cantaleta: atento… atento… atento.

El asunto era grave y preocupante, porque se debía devengar lo que las firmas comerciales habían contratado para su publicidad; sin embargo, a veces la alegría era inmensa cuando las repetidoras portátiles colocadas en alguna loma, hacían el milagro de sacar la señal al aire. “Cañón….. cañón!”, gritaba en el estudio don Eduardo.
-¡Leíto, Leíto, al terminar la etapa, lleve al personal al hotel “La Herradura”, es el mejor de Bahía, porque la transmisión está saliendo cañón… cañón- instruía por interno el jefe.

No todas las cosas salen siempre de lo mejor. Aquella etapa, que en esa ocasión finalizaba en el precioso balneario de Bahía, ampliamente fue transmitida; y si la transmisión fue excelente, más aún fue el trato que doña Leo dio al personal, a tal punto que los locutores de planta, se pasaron de copas. Doña Leo, que era una verdadera madre, no se había acostado y, desde una balcón de “La Herradura”, esperaba angustiada el regreso de sus locutores, puesto que la etapa del siguiente día era muy exigente.

Ya en horas muy avanzadas, desorientados por las copas brindadas, el “Lito”, el “Gordo” Villarroel y el “Gato, buscando el hotel, oyen que desde un balcón alguien les llama, insistiéndoles a que entren pronto. El “Lito”, el más avispado del grupo, levanta la mirada y observa que era una mujer quien les llamaba; a lo que él, haciendo un gesto morboso, le responde que ya suben y que, “cuánto”.. La borrachera desapareció, al darse cuenta que esa mujer era doña Leonor, y que el balcón correspondía al hotel que andaban buscando. Todo el siguiente día, no probaron ni un bocado y los reproches de la jefa, fueron permanentes.

En otra vuelta, yo conducía un carrito Chevrolet “Amigo” (Algunos años dediqué a la dirigencia deportiva y a las transmisiones con Gran Colombia), el que lucía una pancarta que decía: Unidad móvil No. 1. Como casi siempre, la señal no salía, y el compromiso de las cuñas apremiaba. Cuando pasaron los ciclistas por la población de Ventanas, allá en la Costa, doña Leonor dispuso a que fuéramos a una cabina telefónica y, con la nómina de los participantes en la mano, conectados telefónicamente con los estudios centrales en Quito, empezara a narrar con toda la emoción de un carchense viviendo las emociones de su equipo. Qué piques, qué escapadas, alguna caída, varios retrasados….. Todo lo narraba, como si lo estuviera observando, a pesar de que, a lo mejor, ya era una media hora, de lo que por allí pasó el “pelotón” de competidores. No sabía ya qué decir, y doña Leo, de pie, frente a mí, me insistía a que continuara narrando de memoria, los pormenores de esa interesantísima etapa.

-Allí vemos al “Mechudo” Gualagán….. regresa a ver…. se asegura su calapiés izquierdo…. se levanta de su sillín, y mandando la de arar al eje, arranca. El pelotón se parte, y el “Mechudo” se va…. se va en busca de la victoria….!

Estas cosas escuchaban emocionados los fanáticos en Tulcán; y, mis compañeros de la Radio, empezaron a llamarme, “el loco de la cabina”.

Años de mi vida, primorosamente desperdiciados. Solo el eco y el recuerdo me han quedado: atento,,,,, atento….. atento…… por favor darme un comprendido….!

El Licenciado DelacroixUn post del Licenciado Delacroix

Encuesta por encargo

He salido favorecido en un sorteo trucho de Aldo. ¿El premio del sorteo? publicar la encuesta que él también ha publicado.

Encuesta:

  • ¿Desde cuándo visita el blog?
  • ¿Cómo llegó?
  • ¿Le interesaría leer algo más o está todo bien hasta ahora?
  • ¿Qué tipo de contenido preferiría encontrar aquí?
  • ¿Está contento cuando viene? ¿Su estado de ánimo cambia después de su visita?
  • ¿A Phantom, usted lo compararía con…?
  • ¿Cuál fue el post que más le ha gustado?
  • ¿Le gusta el diseño del blog?

6 – 9 – 69

Parece raro el que por título haya puesto estos números. El asunto es que hoy celebramos el trigésimo sexto aniversario de matrimonio – otra vez el número 6 y el 3, mitad del seis- No se trata de ninguna cábala, peor de números utilizados en los aquelarres, Simple coincidencia: nos desposamos un 6 de septiembre del año 1969. ¡Qué aguante!, nos han dicho algunos- Más bien considero una bendición de Dios: 36 años de haber compartido una vida, sorteando miles de dificultades, enfrentando problema tras problema, pero con “ñeque” de pastuso estanciero, porque soy las dos cosas.

Mirar la vida desde la cima de 36 años coronados, a uno le permite remontarse más allá de un horizonte distante, con alegrías y nostalgias; con aciertos y fracasos; con triunfos y amarguras… pero lo que cuenta en este instante, 6 del noveno mes del año 2005. Mi esposa, ya no es la chiquilla foránea, tan flaquita, que cuando se tragaba una pepa de capulí, parecía estar embarazada; ya no es la muchachita a la que podía abrazarla y abotonarme la chaqueta; ya no es la noviecita que podía acostarse en el larguero de la cama y cobijarse con una corbata, ni caminar bajo la lluvia, sin mojarse. Hoy, luego de 36 años de ser mi compañera, mi amiga y la madre de mis hijos, tiene su papada que le da seriedad a su expresión; tiene sus “llantitas” que le imparten gracia a su caminar; pero su risa sigue siendo la misma: estereofónica y contagiosa. Su sentido del humor no ha variado y, lo que es más, su vocabulario grueso ha mejorado, pues está convencida de que las malas palabras, oportunas y graciosas, combaten el estrés y llenan el ambiente de contento y picardía.

En este aniversario, he tenido tiempo para reflexionar y hacer un inventario de lo vivido. Sé que hoy es fácil casarse y , mucho más fácil, divorciarse. Sé que hoy está de moda el dar madrastra o padrastro a los hijos. Sé que hoy un compromiso matrimonial es algo formidable, grandioso, pero por la fiesta, los arreglos, los trajes sacados a plazos. La música, los regalos, que van desde una licuadora, hasta las llaves de un auto último modelo, pasando por pasajes para viajes primorosos. Bueno, así, cualquiera se casa.

Desde la cumbre de mis treinta y seis años de casado, recuerdo como fue mi matrimonio: yo, el novio, modestísimo maestro de colegio. La novia, estudiante universitaria de primer año, que ante la muerte de su madre y el haberlo conocido a su padre, todo quedó allí. La fiesta, en el patio de la casa de mis abuelos, casita de campo con rumor de río incluido. Los licores: puntas traídas de Chucunés, preparadas para que sean bebibles. La música –eso si con orquesta- claro que yo mismo era el maestro mayor, el director, el dueño, etc. Los integrantes: cinco colegiales: el “Gato” Zambrano, el Julio “Huevo”, el “Viejo” Vásquez, el “Colorado” Wilo y el Carlitos Rueda. Este último era el que nos proporcionaba el transporte: esperaba a que su padre se durmiera y se “sacaba” un Willys de la segunda guerra mundial – con cariño le decíamos Jerry Lewis- Le sonaba hasta la pintura.

Los regalos eran cositas insignificantes pero llenas de mucho afecto. Recuerdo dos regalitos, los más importantes: un cenicero de murano azul y un salero de arcilla. En forma de manzana Recuerdo que también sufrí mi primera desilusión en el trabajo, puesto que pasé el parte y la invitación a todos mis compañeros, desde el Rector hasta el conserje: fueron demasiados pocos los que asistieron .-Al menos eso me valió para no involucrarme nunca en alguno de los grupos odiosos que suelen formarse en l os lugares de trabajo-

Empezamos a vivir en un “departamento” que arrendamos, si es que departamento se llama a tres cuartos vacíos, con patio de por medio para llegar al baño, con un perro insoportable que nunca se hizo nuestro “amigo”, y una dueña de casa que sacaba la cabeza, cada vez que alguno de nosotros se asomaba al patio.

Con sueldo de “pobresor”, sin posibles herencias y con deudas, comenzamos a caminar estos 36 años. Ni siquiera teníamos una bacinilla, y era un tarro de galletas “Gloria”, el práctico utensilio que ayudaba a evacuar las líquidas necesidades nocturnas.

Hoy, después de tres décadas y media, la cosa es diferente. Nuestro amor, más firme y sólido. La armonía del hogar, superior a la de los “Gatos”: y, lo que es más, tenemos tres haciendas y una la estamos negociando. Si increíble, pero cierto. Las tres haciendas son nuestros tres hijos profesionales; y, la cuarta, nuestro último hijo que está por finalizar su carrera universitaria.

Gracias a la vida. Gracias al Señor, por habernos permitido ser príncipes a nuestra manera, como dice una leyenda en el guardafango de una “chiva” colombiana.

El Licenciado DelacroixUn post del Licenciado Delacroix

La piedra se desmorona y el calicanto falsea.


Soy bastante malo para recordar fechas como cumpleaños y santos. En mi familia casi todos festejamos cumpleaños el mismo mes y con pocos días de diferencia entre uno y otro. Pero aún así me olvido, hasta el día anterior estoy pendiente, y llegado el momento siempre es alguien más que me lo tiene que recordar.

Hoy me pasó eso y fue precisamente uno de los implicados en el aniversaricidio quien me hizo recordar la fecha especial. Poco antes de empezar nuestra rutina ciclística matutina (apenas hace una semana que retomé las andadas en el caballito de acero -tengo una idea para un camiseta con la frase “caballito de acero” que mejor ni les cuento- espero esta vez no botar la toalla) mi papá me dice: “a esta hora hace 36 años tu mami y yo nos casábamos”. Me había olvidado una vez más, a pesar de que mi hermana lo mencionó ayer; lo olvidé.

La piedra se desmorona y el calicanto falsea,
no hay amor que dure tanto por más constante que sea.

Así dice la letra del albazo que estoy seguro casi todos los que habitamos en este país con nombre de línea imaginaria hemos escuchado alguna vez. Al ver el ejemplo de mis padres veo que eso no es cierto y que si hay amor que dure.

Alguna vez mi papá me decía que de gana se iba a poner a pelear por tonteras con mi mami, ¿para qué? -decía- si ella es mi compañera, la que siempre ha estado y posiblemente la única que estará ahí, conmigo.

Hay muchos que no creen en el matrimonio, talvez yo estaba en ese grupo hace un año cuando, justamente, celebraba los 35 años de matrimonio de mis papás. Con el ejemplo de vida en pareja de mis padres, con lo que me decía mi tío justamente en el post del aniversario del año pasado, ¿cómo no creer en el matrimonio? ¿cómo perder la esperanza de encontrar a una compañera de vida?

Un año más, 36 años en total. Ojalá algún día yo pueda tener una celebración de esas.