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Hay veces en las que la cursilería y ese típico romanticismo anti-práctico y totalmente sin razón propio de épocas adolescentes lanzan su ataque y uno termina sucumbiendo a la invasión por haber descuidado la defensa o creer que el ataque que se venía venir no era de cuidado o porque simplemente el ataque fue efectivo y de sorpresa.
Solo para verla me fui a Quito, 10 horas de viaje entre ida y vuelta, tener que asistir a una peña bailable y tener que ir a tomar ron con cola (no me gusta esa mezcla, para nada, tiene efectos nefastos en mí. Pero tenía que tomarla si quería descontar lo que pagué por ella), todo eso solo para verla.
Y la ví, conversamos un rato y eso fue todo. Ese encuentro me sirvió para hacer un “refresh” al recuerdo que tenía de ella porque hace más de un año que no la veía. También el breve encuentro me recordó y confirmó lo que ya sabía pero que por puro masoquismo quería comprobarlo nuevamente: “ella no me ve como yo la veo, no le importo de la manera en que ella me importa” (¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?). Pero en fin, todo sea por satisfacer los caprichos de mi lado cursi-masoquista. Y las primeras 6 horas en la capital habían pasado.
Cabreado, medio chumado y despechado salí de la peña rumbo al Quito underground. El taxista me saludó con un “buenos días”, la madrugada había empezado. Las siguientes 5 horas fueron de cerveza, neón, mala música y olor a cigarrillo en un antro, que aunque no era de mala muerte estaba muy lejos de ser el mejor lugar para pegarse unas cervezas a esa hora de la madrugada y solo. Recomendación en estos casos: por motivos de seguridad es bueno crear confianza con el guardia del antro, obviamente ya lo conocía desde antes y por eso me sentía relativamente seguro.
“Buenos días, véndame El Universo señora”
Una rápida hojeada a “La Revista” de El Universo pero nada; el reportaje sobre los blogs ecuatorianos aparecerá la semana siguiente. El sueño me mató, pero 5 horas fueron suficientes para revivir.
3 horas más para bañarme, ponerme ropa sin olor a cigarrillo y comer pizza como animal hambriento. Ahora lo que más temía: ya estaba en Quito, era lo más sensato que podía hacer, pero no quería, había querido evitarlo o por lo menos posponer ese momento, pero ya no había salida; tenía que hacerlo.
Tenía que cumplir con 2 cosas terribles para mí: visitar a un pariente enfermo en el hospital y además darle mi pésame. Y lo peor de todo era que no se trataba de un familiar cualquiera sino de alguien que realmente me quiere mucho ¿cómo no importarme alguien que me demuestra su interés y cariño en una forma desinteresada y completamente pura y honesta?
¿Qué le puedo decir a alguien que se encuentra en el deprimente ambiente de un hospital y recuperándose de un grave accidente? Son momentos que definitivamente quisiera no pasar nunca, nunca sabré que decir en situaciones como esa y para colmo tenía que dar mi pésame…. fue terrible, mi inhata impavidez y falta de exteriorización de sentimientos hacen que momentos como esos sean llenos de una terrible inconformidad e impotencia.
Me dolió la cabeza; no se si fue por el efecto de subir en el ascensor, por el olor del hospital o por el viejito extremadamente enfermo que nos acompañó en su camilla (y al que casi no me atreví a mirarlo) hasta llegar al décimo piso. 2 horas más habían pasado.
El viaje de regreso fue más incómodo y lo sentí más largo que de costumbre. Llegué, el delicioso frío de la noche tulcaneña me daba la bienvenida, por fin estaba en casa. No pude evitar sentirme afortunado por todo lo que tengo: mi salud, mi familia, mi trabajo, mis amigos…. la vida ha sido muy buena conmigo, soy un tipo con suerte y creo que ya es hora de que deje de abusar de ella.
Soundtrack: Nada, pero en mi mente suena Across the Universe en la voz de Fiona Apple
Nunca lo he hecho, pero estoy pensando seriamente en hacer una lista de propósitos para el próximo año.



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