Muchas veces nos abandonamos a nuestra ¿suerte? y “apretamos” -como dice Edipa-. A quién no le ha pasado, por poner un ejemplo sencillo, alguna vez en la universidad (en el colegio nunca me pasó, nunca tuve que amanecerme para terminar un deber o estudiar, era demasiado nerd) que por amanecerse terminando un informe para cierta materia no se alcanza a estudiar para el examen de otra y ante la imposibilidad de aplazarlo uno solo puede decir:
1. Diosito, por favor; que el profesor haya amanecido enfermo y hoy no haya examen.
2. Ya me jodí, que venga lo que venga.
3. Nada, estás concentrado en no dormirte.
Se acerca la hora del examen y al parecer todo está dicho, te sientes como un condenado a decapitación en su camino hacia la guillotina. Pero de repente pasa algo (asamblea de profesores, a Lucio se le ocurre -bueno, no a él- hacer un golpe de estado, se le murió un pariente al profesor, todos los alumnos piden en conjunto que se posponga el examen, etc) y te salvas de dar el examen. Ante esto talvez dices:
1. Gracias Dios, sabía que no me fallarías flaco.
2. Por un pelo, eso es leche. Vamos a pegarnos unas bielitas.
3. Nada, solo piensas en volverte a dormir.
Pero ¿a qué se deben situaciones como esa? ¿acaso es cierto que la fe mueve montañas? ¿el universo se confabuló para que se cree la situación perfecta para mí? ¿todo fue pura obra de la casualidad?
No estoy seguro de que exista Dios pero creo en ese algo supremo, entonces si tengo fe. No creo en brujas ni horóscopos pero soy un tipo con suerte y he sido testigo de muchas casualidades. Creo que mejor voy a ponerle fe a la suerte para que se creen esas felices coincidencias.
Soundtrack: Stay together for the kids - Blink 182
Apenas ahora me doy cuenta que el anterior post fue ambiental, sin soundtrack. Actualización, 2 minutos después: si que soy bruto, el anterior post si ha tenido soundtrack, duh.

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