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Para darle un toque más maduro y centrado a este weblog he decidido realizar una contratación muy especial. Si comparo a la nueva adquisición de CeroCuatro con un sistema operativo de computadora diría que es multitarea, hace de todo; es mecánico, electricista o plomero cuando un desperfecto en el carro o un daño en la casa lo requiere; músico “al oido” que puede interpretar el piano, el acordeón, un requinto o una guitarra si se trata de una velada entre amigos; carpintero excelente que le da forma a la madera cuando de ganarse la vida se trata; maestro -en todo el sentido de la palabra- y moldeador de mentes jóvenes que hace su trabajo con verdadera vocación; además es dueño de un sentido del humor y una forma de ver la vida muy singulares. Este hombre es mi papá, a quién desde hace casi dos meses le vengo insistiendo en que escriba algo para publicarlo aquí, aceptó de inmediato pero tardó en entregarme el escrito.
Cuando era pequeño solía ver a mi papá como un superhéroe o como un dios de la mitología griega -capaz de hacer todo y que siempre estaba en lo cierto-, pero a medida que fui creciendo me di cuenta que es un ser humano lleno de virtudes y defectos como todos, y esto en lugar de desmejorar la visión que tenía de él hizo que lo admirara aún más, porque gracias a todas las virtudes que tiene y a pesar de sus defectos me siento muy orgulloso de que un hombre tan bueno, sabio y respetable sea mi padre.
Sin más, los dejo con el primer post de mi papá, escrito con pretexto del paro de transportistas que se realiza actualmente en la provincia del Carchi.
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Resulta un tanto difícil de creer y es hasta medio paradójico, el escuchar hablar y pregonar por todos medios posibles, el afán de hacer Patria, el deseo de luchar por días mejores de nuestro pueblo, el anhelo de lograr un decisivo rumbo hacia un porvenir exitoso; y, sin embargo, en la práctica qué hacen y qué hacemos para concretar tanta perorata. Acaso no es paradójico el hablar de días mejores y, al mismo tiempo, paralizar el trabajo, cerrar vías de comunicación, obligar a no laborar, a dañar el asfalto de las carreteras, a romper vidrios de edificios públicos, a no permitir el libre tránsito fronterizo; es decir, queremos mejorar, pero nos hundimos nosotros mismos en la mediocridad, la irresponsabilidad, la pereza y la desidia. Por qué no aprenderemos de los países desarrollados, quienes en lugar de actitudes folclóricas con ribetes de política, aprovechan su tiempo y arriman su hombro. Cuándo dejaremos solamente de cacarear y, poniendo los pies sobre la tierra, haremos conciencia de que es positivo ser parte de la solución y no únicamente ser parte del problema.
Nunca me olvidaré de algo que se dijo a propósito del rutinario cambio de gobierno en uno de nuestros hermanos pueblos tercermundista, Bolivia: “somos pobres porque cambiamos presidentes, o porque cambiamos presidentes somos pobres…
El papá de Phantom


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