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No me gusta ir a fiestas formales (ni a ningún otro tipo de fiestas. Si, soy un asocial), peor aún si se que la mayoría de gente que va a estar presente es completamente desconocida para mí. Pero esta vez no pude negarme, el papá del novio y el novio personalmente me hicieron la invitación, mis papás también fueron invitados con la recomendación de que yo no podía faltar, un buen amigo mío y socio de mi negocio también recibió la invitación, era definitivo: no podía faltar al matrimonio del hermano de uno de mis mejores amigos.
Por nuestro horario de trabajo, mi socio y yo, no pudimos asistir a la ceremonia religiosa así que fuimos directamente a la fiesta. Los novios todavía no llegaban, casi todos los invitados ya se encontraban allí, rápidamente y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo mi amigo y yo recorrimos todo el salón con la mirada buscando chicas disponibles, el resultado: ninguna candidata, la única candidata posible ya tenía pareja. Nos sentamos al lado de mis papás.
Llegaron los novios, y junto con ellos los padrinos de matrimonio y los padrinos de bautizo de las dos hijas (mataron tres pájaros de un tiro: un matrimonio y dos bautizos). Las miradas de casi todos los presentes se centró en el padrino de matrimonio, su terno llamó la atención: pantalón y zapatos negros, calcetines y chaqueta rojos, camisa blanca y corbata blanca con puntos rojos, era un tipo alto, blanco, bastante calvo y con barba en el mentón -apenas lo ví la imagen de Bersuit Bergarabat vino a mi mente-. Se notaba que muchos comentaban y criticaban la vestimenta del padrino, poco a poco se empezó a correr el rumor que aquel era Papá Noel sin peluca y afeitado.
Hora de los discursos; hablaron los padres de los novios y el brindis estuvo a cargo de Heinz Dieterich, el padrino -curiosamente tiene el mismo nombre de un columnista que escribió algo bastante interesante sobre nuestro Lucio-. Al enterarnos que era alemán y después de escuchar un brindis en un español estructurado perfectamente, en el que se notó la influencia de su esposa por el uso de diminutivos -muy típico en la forma de hablar de los carchenses-, Heinz dejó de ser el objetivo de críticas de la fiesta, todos justificaron su apariencia porque “allá deben vestirse así” y además porque “parece buena gente el gringuito, se lo ve sencillito”.
Empezó la fiesta, a excepción de unas 10 personas -entre ellas yo- todos estaban bailando. Un rato después llegaron más invitados, entre ellos una chica. Para el siguiente set de canciones me acerqué a ella y la invité a bailar, ya viéndola de cerca noté que no tenía más de 16 años, de seguro que si me la encontraba en la calle y le decía hola ella me hubiera respondido “buenas tardes señor”.
- ¿Eres familiar del novio o de la novia?
- Del novio
- Déjame adivinar: ¿prima del novio?
- Si
Esa fue toda la conversación que tuvimos, luego bailé con mi mamá y no bailé más.
Receso, música suave, la hora de la comida había llegado. Una bandeja para cada invitado; caldo de gallina, medio cuy, una presa de gallina, una buena porción de fritada, mote, papa, lechuga, vaso de chicha, copa de helado y un pedazo de pastel para cada uno; todo esto armados solo con una cuchara y con las rodillas como mesa. Pocas veces he comido tanto y lo mejor: sin preocuparme por los modales, todos estaban ocupados comiendo lo suyo y no viendo lo que los otros comían.
Al final todos la pasaron bien: los que bailaron lo hicieron con gusto y disfrutándolo, los que no bailamos por lo menos comimos bien, el gringuito la pasó bien (bailó, desacompasado pero bailó) e incluso comió el cuy sin problema, el novio -bastante tomado- repartió licor y brindó con cada uno de los los invitados haciendo acrobacias para no regar los casi 40 vasos de ron que llevaba en la bandeja.
Talvez no disfruté tanto como otros en la fiesta, pero no la pasé mal. Como siempre mi background de estudios en electrónica se hizo presente al notar que las piezas del parquet (no estoy seguro si se escribe así) del piso tenían forma de LEDs de 7 segmentos.



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