Exigir al CNE la publicación de la base de datos con los resultados de elecciones como muestra de transparencia

El día domingo 19 de febrero de 2017 se realizó la jornada electoral en Ecuador para elegir Presidente, Asambleístas Nacionales, Asambleístas Provinciales, Parlamentarios Andinos y una consulta popular de yapa sobre paraísos fiscales.

Todo parece indicar que para la elección del binomio presidencial habrá segunda vuelta, con datos a la mano y de una manera técnica, Julian Assange presentó de manera gráfica que para que Lenín Moreno llegue al 40% de votos válidos que necesita para ganar en primera vuelta (también recordemos que además de 40% necesita tener más de 10% de votos que el candidato que esté en segundo lugar) sería algo inconsistente que se iría contra la tendencia ya establecida.

 

Han habido indicios de fraude y malestar ciudadano por la demora del CNE en presentar resultados, demora entendible ya que en procesos anteriores no se habían presentado resultados tan pronto, pero demora que hoy sí crea tensiones ya que, a diferencia de procesos anteriores, hoy el margen es tan pequeño que un 1% puede hacer toda la diferencia.

Tengo experiencia en procesos electorales, siempre me han interesado y desde las elecciones seccionales del 2004 he estado de una u otra manera inmerso en conteo rápido y control electoral. Con esa experiencia y tomando en cuenta la situación actual, considero que un real ejercicio de transparencia del CNE sería publicar la base de datos completa de los resultados de las elecciones para que las organizaciones políticas o colectivos ciudadanos puedan fácilmente ejercer control electoral.

¿Por qué es necesario esto? les explico: en este momento el CNE ha habilitado una página web en la que podemos consultar los resultados de cualquier parte del país, por dignidad, provincia, cantón, circunscripción, reciento electoral y mesa. Podemos consultar desde resultados nacionales hasta ver el acta de una mesa en específico. Es algo muy bueno para consultas sencillas e individuales pero nada práctico para un verdadero control electoral.

De esta manera las organizaciones que hayan realizado control electoral el día de elecciones, es decir: recuperar actas de escrutinio en las mesas e ingresar esos datos en su propio sistema, podrán cruzar esa información rápidamente y con solo una consulta con la información de la base de datos oficial que debería publicar el CNE. De esta manera en pocos minutos se tendría un listado de actas en las que existan diferencias entre las actas recogidas el día de elecciones y lo ingresado oficialmente.

Solo así se podría garantizar transparencia, porque tal como está actualmente planteada la página de consulta no quiero imaginarme cuánto se tardaría en revisar todas y cada una de las actas, ni siquiera sería fácil encontrar todas aquellas que tengan inconsistencias.

Así que organizaciones políticas, colectivos ciudadanos y ciudadanía en general: exigamos que el Consejo Nacional Electoral publique la base de datos de resultados una vez terminado el escrutinio. Recordemos también que el control electoral es necesario en la elección de asambleístas, no nos concentremos solo en la elección presidencial.

El mailing como herramienta en la campaña presidencial 2017

Acaba de llegarme un correo del servicio de anuncios clasificados OLX. Lo curioso es que no contiene información relativa a mi cuenta o a OLX como tal, sino que es un correo publicitario de la campaña presidencial del binomio Cynthia Viteri y Mauricio Pozo de la lista 6.

El mailing es posiblemente una de las herramientas de marketing y publicidad online más antiguas y que todavía se usan. Muchos lo subvaloran pero yo creo que puede llegar a ser efectivo si la base de datos de correos es real, verificada y bien segmentada.

Por eso considero que usar la base de datos de usuarios de OLX para este tipo de envíos resulta interesante y posiblemente tenga resultados positivos debido a la segmentación que esta lista de correos debe tener, así como la cantidad de suscritos.

Tema aparte es el asunto de aceptar este tipo de uso que le dan a los datos e información personal cuando uno se suscribe a servicios como OLX. Me supongo es que es parte de los riesgos de aceptar los términos y condiciones sin haberlos leído.

Dos mil diecisiete

Con la masificación de Facebook, la llegada de Twitter y otras redes sociales, los blogs personales se vieron encaminados al olvido. Ese fue el caso de este blog. Hoy hago un intento por rescatarlo y usarlo nuevamente como un espacio personal, como catalizador, como un espacio de catarsis, o simplemente como un “querido diario” (como casi siempre lo fue).

Y lo hago coincidiendo con el inicio de un nuevo año, esperando que no sea como uno de esas metas que se plantean al decirle adiós al año viejo pero que se olvidan a los pocos días sin lograr siquiera haber hecho algo para empezar a cumplirlas.

Es así que siguiendo con la tónica cliché de este post de regreso al blog, y para referencias futuras,  dejaré constancia no tan explícita de mis objetivos para este año 2017. Pocos objetivos pero realizables, prácticos y necesarios posiblemente:

  • Continuar con mi actividad física, mejorar mis tiempos y distancias.
  • Empezar ese proyecto de emprendimiento dormido por años.
  • Dar más tiempo y atención a mi familia.

La lista es corta pero no es fácil. Cumplirla implica compromiso, dedicación y disciplina y cubre tres aspectos importantes: familia, trabajo y salud.

Veamos cómo me va.

¡Feliz 2017!

 

Pecado en viernes santo

Escrito por el Lcdo. Rosalino Auz

Para esa época – de eso acá ha transcurrido más de un medio siglo-una de las festividades religiosas más apegadas al “sentir del buen cristiano”, era la Semana Santa. Los abuelos controlaban demasiado el comportamiento, especialmente de los niños y de los adolescentes. Había que asistir a los actos programados en la iglesia. Toda esa semana era de penitencia, de ayuno, de abstinencia, porque, de lo contrario, todo era pecado. No se podía bañar, porque el agua no estaba bendita y, si desobedecía, podía convertirse en “peje”. En toda la semana santa, no se podía hablar duro, peor jugar o reírse. No podía hacerse nada porque, de lo contrario, se lo ofendía al “taitico”; pero eso sí, había que ir al templo a escuchar el sermón de las tres horas. En realidad era un sermón que duraba ese tiempo: tres horas. Tres horas de estar incómodos en el templo abarrotado de gente, sin la ventilación suficiente; con la mayoría de “fieles” cabeceando, sudando y tantas otras cosas, porque antes de ir al sermón, ya se habían servido los doce platos, comida tradicional que ahora se llama fanesca. El sacerdote era “mejor” si arrancaba lágrimas y sollozos de los penitentes.

En aquella época, Rosendo era estudiante en la U.C. de Quito. Su sueño coincidía con el de sus padres y abuelos: “ser alguien en la vida”. No importa la soledad, los días sin comer bien, la ropa ya pasada de moda y la falta de los reales para tomarse una colita;, lo que importaba, era dedicarse a estudiar, convencido de que la profesión será la única herencia dejada por sus progenitores.

Como todo buen “paisano”, se había dedicado a conocer la ciudad; se había interesado en leer libros con historias y leyendas quiteñas; y, gracias a ello, se sentía más orgulloso de tener a Quito como la capital de su Ecuador. Si esto, por un lado le llenaba de complacencia, por otro lado le hacía sentirse medio raro: el ser ecuatoriano y no conocer el mar. No tenía una idea cabal de lo que aquello sería, si apenas conocía la piscina del “Puetate”, como espacio líquido para nadar. Cómo sería nadar en el mar?. Alguna vez, y de eso estaba seguro, alguna vez iría al mar, a ver cuánta agua.

Rosendo tenía un primo militar. No olvidemos que los carchenses, y más los tulcaneños, por ancestro tienen un espíritu combativo, guerrero, luchador. Si a Rosendo los “puendos” le decían “pastuso”, a él no le incomodaba, porque conocía que él era pastuso y que su ciudad natal no celebraba fechas de independencia, porque jamás conoció la “geometría de la rodilla doblada”. Siempre andaba con prosa, pero medio apenado porque no conocía el mar.

El primo militar de nuestro amigo, estaba desempeñándose como instructor allá en Puerto Bolívar, Provincia del Oro. Qué suerte para su primo el poder disfrutar de “la mar”.

Se aproximaba la Semana Santa. En los templos quiteños ya se comenzaba a preparar el ambiente, adornando los altares con velos violetas o negros. Ya los sermones hablaban de recogimiento, de arrepentimiento, de penitencia. A lo mejor Rosendo, de lo único que podía arrepentirse era de lo que no había hecho, porque hasta para pecar hay que tener plata. Rosendo no tenía nada; bueno, no nada, porque lo que siempre tenía era su bolsillo sin pañuelo y su calcetín remendado.

Bueno, nuestro amigo era un hombre sencillo, respetuoso, humilde y muy dedicado a sus estudios. Confiaba en que Dios no le abandonaba; y, por ello, pensó hasta en un milagro, cuando recibió una carta de su primo: se acercaba la Semana Mayor, tendría unos días de vacaciones y su familiar subteniente, le invitaba a Puerto Bolívar, a conocer el mar; y, de paso, a conocer lo que es la Costa y el gran puerto de Guayaquil. Su primo, como todo un militar pastuso, como todo buen infante que sabe aprovechar el terreno, le había hecho llegar el dinero para los pasajes y un croquis con los pormenores del viaje. Qué emoción: viajar, conocer otros lugares, si él , lo máximo que conocía hacia el sur, era la Villa Flora.

Esa noche, Rosendo no pudo dormir. Parece que hasta había soñado con el mar. Muy por la mañana se levantó y se dirigió a la plaza de Santo Domingo –esa plaza donde “trabajaban” las cariñosas, esas mujeres que sin conocerlo a uno, le dicen “mijo”- a comprar el boleto en la “Flota”. Las nueve horas de viaje se le hicieron cortas, porque le causaba tanta admiración el ir contemplando los paisajes del camino; el comprar golosinas en los lugares donde el bus se detenía; el armarle la “conversa” a la pasajera de al lado; y, sobre todo, el sentir un calorcito húmedo en todo el cuerpo, propio del ambiente de la costa.

Por fin llegó a Guayaquil. Qué “pueblo tan grande”. Qué inmensa la ría –nada que ver con su río Bobo, y peor con el Chana-. Le ponía medio intranquilo el no contemplar todavía el mar.

Ese mismo día, guiándose en la carta de su primo, fue a comprar el boleto para trasladarse a Puerto Bolívar. Al otro día, muy tempranito, estuvo en el malecón para abordar el yate Santa Rosita. Le parecía un sueño: viajar en un barco pequeñito, pero con todos los detalles que él había mirado tantas veces en la revista “peneca”. Qué emoción, si hasta había el capitán – con su gorra, su camiseta a rayas- manipulando el timón. Su imaginación le transportaba a los cuentos de piratas, corsarios y filibusteros.

Tuvo que sacar su pañuelo para refregarse los ojos: ahí, al frente, estaba el mar. La ría desembocaba en esa inmensidad de agua, con reflejos impresionantes del sol; con olas enormes, cubiertas con blanquísima espuma y con sonidos confundidos con el graznar de pájaros marinos. Qué maravilla: muchos de esos pájaros enormes, se lanzaban en picada sobre el agua y salían llevando en su pico, pececitos que movían su cola. Rosendo pensaba: será que se despiden o será que quieren librarse del pico de aquellas aves.

Eran las cuatro de la tarde. El yate con su pito, largo y estruendoso, hizo dúo con el ruido de las olas al chocarse con el muro de puerto. Ahí estaba Puerto Bolívar. Mucha gente en el muelle esperaba a los viajeros. A nuestro viajero le causó extrañeza el no ver a su primo entre la gente; sin embargo, al bajar con su maletita, un soldado se le acercó y le saludó por su nombre. Cómo ese militar le había reconocido?. Muy fácil: su primo, el oficial, le había ordenado al soldado, que fuera a esperarlo; y, para reconocerlo, le había dado una fotografía. Bueno, por algo hay militares que son “infantes”.

Después de los saludos muy cordiales con su primo, y luego de una deliciosa merienda, Rosendo se fue a descansar, no sin antes haberse frotado caladril en los cachetes, porque estaban “morados” por el sol de toda la travesía en el “Santa Rosita”.

Al día siguiente, miércoles santo, Rosendo –después de coger su jabón de rosas- se fue al muelle; es que quería bañarse en el mar –no importa que el agua no esté bendita y que, a lo mejor, se convierta en “peje”-. Se desvistió, se colocó su pantalón de baño “tarzanero” y, como hacía en el vado ancho, se lanzó. Lo primero que hizo al caer , fue tomarse un bocado para comprobar si en verdad el agua del mar era salada. Medio atorado con el líquido salobre, dio la razón a sus profesores, cuando le hablaban de la salinidad del océano.

El ”pastusito”, hecha ya su primera comprobación, salió del agua y se jabonó para completar su baño. Qué raro: el jabón no hacía espuma. Un par de ancianos que, en un corredor de una casita del malecón jugaban a las cartas, no paraban de reírse mirando al bañista que se fregaba y no le hacía espuma; se cortaba el jabón de rosas. Asimismo será , o es que eso pasa por bañarse en día santo, pensaba.

El Jueves Santo, nuestro viajero pasó por otro “mal rato”: en el casino de oficiales, a la hora del almuerzo, en medio de todos los oficiales de esa plaza, le sirvieron un segundo consistente en una tabla con dos “tarántulas”, pero bien grandes y medio coloradas. Junto a esos animales, estaba un martillo de madera y un plato con tostado y chifles de plátano. Poco le faltó a Rosendo para salir corriendo. Nunca en su vida había visto eso y peor que los compañeros de mesa le insinuaran a que se los sirva. En medio de risas y bromas de los milicos, le “enseñaron” la manera de cómo disfrutar de los cangrejos, un plato exquisito de la gastronomía costeña.

Según los mayores, y sobre todo su abuelita, el día más sagrado de la Semana Santa, era el viernes. Ni siquiera se podía pisar duro al caminar.

Justo ese día, el viernes, en Santa Rosa había una fiesta. Todos los oficiales tenían que asistir; y, Rosendo, haciéndose pasar por subteniente, también debía concurrir al baile. En Santa Rosa, en un salón elegantísimo, estaba el escenario donde afinaban sus instrumentos los integrantes de una orquesta buenísima. El cantante, un solista vestido al estilo de Pérez Prado, era el centro del espectáculo. Comenzó la fiesta. Las “monas”, unas maestras para el baile. Los militares, como buenos “infantes”, aprovechaban el terreno. El licor y los cigarrillos completaban el ambiente. Qué hermosura de fiesta…… Y lo que era viernes santo?

Al otro día, sábado de gloria, medio “maluco” por las copas de la noche anterior, el paisanito y su primo se fueron a descansar a la arena de la playa de Bajoalto. Ni siquiera la maravilla de ese sol, allá en el horizonte, entre nubes y gaviotas, ni la arena blanca tapizada con corales y conchas, podían quitarle ese remordimiento de conciencia: había pecado en tierra ajena y en pleno viernes santo. Se lo bailó al “taitico”. Será que el padre Basilio le perdonará ese pecado en viernes santo?

60 meses

Estoy escribiendo este post con algo de retraso, hace 4 días cumplimos con Joy, mi esposa, 5 años de casados.

Estamos saliendo de lo que posiblemente ha sido el año más duro de nuestro matrimonio hasta ahora, las cosas han sido duras pero lo bueno también se ha hecho presente y la vida nos ha regalado algunos guiños y una que otra sonrisa.

Nuestro hijo Joaquín nos vino a dar una vuelta completa a nuestras vidas, más que una vuelta completa nos lanzó contra las cuerdas, nos hizo una “doble Nelson”, luego nos dio una patada voladora, nos lanzó fuera del cuadrilátero y nos partió un par de sillas en la espalda… pero ya nos estamos recuperando, es más; ahora no solo que somos compañeros de lucha de Joaquín sino que vendríamos a ser como sus managers.

No importan los años que pasen ni la edad que tenga, cada vez que caigo en cuenta que soy un adulto con responsabilidades de “grande”,  con esposa, con hijo, con casa, con hipoteca, con servicios básicos a mi nombre, con declaraciones (atrasadas) al fisco, etc, cada vez me doy cuenta que no me siento ese “adulto responsable” y no sé si eso será bueno o malo. Posiblemente Joy y yo todavía no hemos acabado de formarnos ni de crecer y ya somos responsables de la formación y crecimiento de otro ser humano, es increíble.

Pero es más increíble como las sonrisas de nuestro hijo, sus travesuras, sus pequeños pero a la vez gigantes descubrimientos, sus intentos de nuevas palabras, su cariño puro, su inocencia, su vitalidad y su energía van más allá de cualquier dificultad que podamos tener y se vuelven en el combustible que nos permite seguir caminando y creciendo juntos, en familia.

Por cuestiones de (falta de) presupuesto no podemos contratar a alguien que nos ayude con las cosas de la casa o con el Joaquín y por ocupaciones, tiempo y distancias tampoco tenemos la suerte de tener mamás, suegras, hermanas o abuelas que puedan ayudarnos con la carga doméstica o de crianza y cuidado de nuestro hijo. Esto creo que es lo que nos ha complicado un poco, aunque también habría que sumarle todo el tiempo que tuve que dedicarle al trabajo el año pasado, tiempo que originalmente estaba destinado para mi familia, pero gracias a la tenacidad, paciencia, multitarea y capacidad de organización de mi esposa lo estamos logrando, gracias a ella nuestra casa es nuestro hogar, gracias a ella nuestra familia está empezando a sentar cimientos fuertes y raíces robustas.

Por eso quiero agradecerle a la Joy todo lo que ha hecho por nosotros, por su paciencia, por su cariño, por su fortaleza, por su liderazgo, por su amor.

Estamos retomando (lentamente) la vida para nosotros, como pareja y como individuos, retomar ese tiempo que es necesarios que tengamos, ese espacio individual y de “solo los dos” que también es importante. Han sido 5 años maravillosos, como la vida, llenos de alegrías y penas, de tranquilidad y de momentos difíciles, de paz y de desequilibrio, pero en cada uno de esos momentos siempre ha habido un factor común: el amor, ese amor que es el que permite que enfrentemos a la vida juntos.

Gracias Joy! te quiero, te quiero mucho.

Seguros

Al fin la habíamos recibido y junto con la emoción y la alegría de tener casa propia también nos asaltaron algunas preocupaciones adicionales a los pagos mensuales de la hipoteca. Una de esas preocupaciones era la seguridad.

Aunque la casa estuviera en un conjunto residencial no había mayor garantía de estar seguros y protegidos de los ladrones. No había un guardia como tal, solo un conserje que terminaba su turno a las 8 de la noche y del cual muchos vecinos sospechaban porque en el último mes y medio ya habían habido 3 robos dentro del conjunto, coincidencialmente desde que el nuevo conserje había llegado.

Esa noche pasó el cuarto robo, nuestro perro y los perros de la vecina sintieron a los ladrones, mi esposa y yo nos levantamos y miramos por todas las ventanas, no logramos observar nada. A la mañana siguiente la noticia del nuevo robo en las dos casas siguientes a la nuestra alarmó a la vecindad.

Me pregunté por qué robaron esas casas y no la nuestra y me supuse que posiblemente, con complicidad del conserje, los ladrones sabían que en esas casas habían mujeres solas porque sus esposos trabajan en petroleras en el oriente y no estaban en la ciudad. Mi esposa tenía otra teoría: no nos robaron porque nosotros como protección teníamos alrededor de nuestro jardín sembradas plantas que hace algunos días habíamos ido a sacar del cementerio.

Yo sabía que una de las costumbres para “proteger” una vivienda era tener algún resto humano (huesos, cráneo, etc) en la casa pero con mi esposa me vine a enterar lo de las flores de cementerio.

Algunos años después dejamos la casa sola varios días para irnos a un paseo familiar y poco antes de regresar recibimos una llamada de nuestra vecina en la que alarmada nos contaba que había acabado de escuchar fuertes ruidos, como de pelea, en nuestra casa pero que ya habían calmado y que no se veía nada raro. Volvimos inmediatamente y encontramos dos cosas que nos parecieron raras: una huella de bota en una de las paredes del jardín trasero, como si alguien eludiendo el cerco eléctrico hubiese trepado a la pared y bajado a nuestro jardín y algo de tierra en la pequeña vereda junto a algunas de las plantas. Esto último nos pareció raro porque habíamos dejado limpia esa vereda luego de haber cortado el jardín horas antes de salir a nuestro viaje.

Pasó el tiempo y un fin de semana un amigo nos encargó a su pastor alemán para que lo cuidáramos mientras él salía fuera de la ciudad. En la primera noche de su estadía se dedicó a cavar en nuestro jardín trasero y en la mañana nos encontramos con el pastor alemán mordiendo lo que parecía ser un fémur junto al hueco que había cavado en el centro del jardín.

Al acercarme verifiqué que efectivamente se trataba de un hueso humano y pude ver sobresaliendo de entre la tierra un cráneo. Me armé con la pala y agrandé el agujero, mi esposa bajó y sin exaltarse ni asustarse demasiado por el inusual encuentro en el jardín también me ayudó.

En los restos de las ropas encontramos una billetera que, entre algunas cosas, tenía una cédula de identidad que seguramente pertenecía al huesudo huésped que el perro había descubierto.

De acuerdo a la fecha de emisión de la cédula el cuerpo llegó ahí cuando nosotros ya estábamos viviendo en nuestra casa. Nos miramos con mi esposa y sin pronunciar palabra nos pusimos de acuerdo y sabíamos lo que teníamos que hacer.

Le quitamos el fémur al perro, volvimos a cubrir con tierra la osamenta, tapamos completamente el hueco y con otra mirada nos pusimos de acuerdo en no contarle nada de esto a nadie.

Ahora teníamos doble protección: las flores de cementerio y los restos humanos.

Cuatro

Hoy cumplimos cuatro años de casados. Los últimos ocho meses han sido una revolución completa.

Y es que ahora somos padres, hemos vivido el cambio más fuerte en nuestro matrimonio, ya no somos dos, ahora somos tres… en realidad somos uno solo que ha secuestrado la vida de los otros dos, la vida como la conocíamos.

Ser padres es una experiencia única, alucinante, incomparable en muchos aspectos. Más allá de la emoción que sientes por cada cosita nueva que aprende a hacer tu hijo y de ese amor inevitable que sientes por él, está la verdadera revolución; el trauma que causa su llegada sobre todo cuando te das cuenta que estabas acostumbrado a pensar y vivir egoístamente en un universo de dos personas. La independencia, esa libertad de dos es la más golpeada y la que más se hace extrañar.

Todavía seguimos en la etapa del stress post-traumático, el que confío disminuirá mucho cuando dejemos nuestro apretado nido actual y podamos ocupar el hogar que será propio luego de 300 cuotas mensuales y desaparecerá en no mucho tiempo después del cambio y estará ausente al menos hasta que aparezca otro heredero.

Un hijo es una bendición, es cierto, y todo el mundo te lo dice. Lo que no te dicen los muy malvados es que bajos ciertas condiciones esa bendición también es una de las pruebas más complejas de la resistencia de la relación y del amor entre pareja. Tal vez no te lo dicen porque en realidad no se acuerdan o porque el trauma es tal que prefirieron olvidarlo, en cualquier caso también estoy seguro que llegará el momento en que si no es por este post casi ni nos acordaremos.

Todavía no aceptamos por completo que debemos dejar ir, al menos por un buen tiempo, la vida y los planes que teníamos pero ya casi, casi estamos por llegar a ese punto de abandonarnos por completo y por entero a la causa de nuestro secuestrador. Intentamos aferrarnos con las uñas pero sabemos muy claramente que de nada servirá.

Han sido 8 meses maravillosos y terribles a la vez,  enriquecedores y que han puesto a prueba el temple de lo forjado en los años anteriores. Nosotros no somos de decir un “te amo”, no nos convence su teatralidad ni su sonido banal, trillado y telenovelesco. Creemos en el amor pero no en los “te amo”. Y sí, con cada año creo más en el amor, con este año que ha valido por 5 creo aún más en él, creo en ese amor que hoy está materializado físicamente en nuestro hijo, creo en el amor que te revuelve todo, que te lleva al éxtasis más grande pero que también puede torturarte en la más negra oscuridad.

Creo en vos, Joy. Más que nunca creo en vos y espero que te des cuenta que puedes creer en mí y en nuestro amor. No estás sola, no estoy solo… hoy somos tres y de todo esto saldremos más fuertes y mejor parados que nunca.

Si ya sobrevivimos hasta aquí, el resto es papaya 🙂

Nadie dijo que iba a ser fácil. ¡Felices cuatro años!

El mandarido amateur cumple 3 años de funciones

Este blog ha quedado para ser una bitácora de nuestros aniversarios de bodas. Hoy le toca el turno al post del tercer año.

Es cursi y es trillado pero “qué rápido que pasa el tiempo”. Un año no es nada pero puede servirte para aprender mucho, más aún en una relación que involucra la convivencia diaria de dos animales medio racionales.

No soy perfecto, ella no es perfecta y eso no es malo más bien ¡es perfecto! Pero creo que hemos ido limando de a poco nuestras imperfecciones, acoplándonos, aprendiendo mutuamente, retroalimentándonos. Y en este aprendizaje continuo te vas dando cuenta, como mandarido, que escuchar es una cualidad importantísima que las mujeres buscan y necesitan en un hombre.

¿Cuál es el problema? el estimado lector masculino ya lo sabe: los hombres no tenemos el chip configurado para escuchar y procesar lo que nos entre por los oídos y que tenga una frecuencia de voz femenina especialmente cuando el encabezado del paquete de datos que contiene al mensaje del ser de Venus no está relacionado ni con comida, el deporte de tu preferencia, juegos de video (o temás tecnológicos, películas de acción, etc), carros o sexo.

Es así que este año he intentado hackear un poco el chip y prestarle más atención a lo que dice mi esposa. Es difícil, largo, nunca lo lograrás del todo pero es posible avanzar en ese aspecto. Al inicio realmente no la escuchaba si me hablaba de la ropa que había visto, de lo que había comprado en el minimercado, de lo que teníamos que comprar para el aseo de la casa, etc. Luego tampoco la escuchaba pero generé un reflejo condicionado, creé un diccionario con algunas palabras como “ah, sí, bonito, ajá, me parece bien, ¿y después?, qué bueno” y un script al azar las elegía para irlas pronunciando mientras ella me contaba algo.

Pero no puedes seguir así, tarde o temprano se darán cuenta o tú mismo metes la pata y te haces descubrir. Por ejemplo:

– (Oh, la Joy se ha comprado aretes nuevos. La voy a sorprender comentándole que le quedan bien para que se de cuenta que sí le pongo atención a esos detalles) Están lindos tus aretes nuevos, te quedan muy bien ¿te los compraste ayer?

– ¡Ves que nunca me escuchas! la semana pasada te conté que me los compré e incluso te los mostré.

Es así que el hackeo del chip debe ir acompañado de un cambio de firmware también y ahí es cuando recién inicias a escucharla.

No importa si alguna cosa no te interesa, te aburre o no conoces los términos que las mujeres se inventan para llamar a las cosas (y ni topemos el tema de los colores, los hombres sólo conocemos 8), aprende a escucharlas porque a la larga si ven que no pueden contarte esas cosas aparentemente sin importancia luego podrían terminar sin contarte cosas realmente importantes y decisivas.

Básicamente ese ha sido mi gran avance en este año. Además nos queremos mucho, nos respetamos, nos preocupamos el uno del otro, estamos esperando nuestro primer hijo y nos reímos, siempre nos reímos. Ese sigue siendo mi consejo al igual que el año pasado y lo reproduciré exactamente igual: reír es lo mejor, nunca hay que perder la espontaneidad y la capacidad de hacerse reír mutuamente.

¡Felices tres años Joy! gracias por ponerle luz, orden y amor a la vida de este panzón que te quiere mucho.

El Nego y la Neja

(Foto robada de la cuenta de Facebook de la So)

Dos años: crónica de un mandarido amateur

Hace dos años (un 29 de marzo) dejé la soltería y de ser el típico soltero machista y “servido”, con una nula capacidad de ahorro e inexistentes habilidades para administrar un familia pasé a ser “el rey del hogar” que empezábamos a formar.

Endeudado, poco tolerante, impaciente y cabreado, así empecé esta vorágine llamada matrimonio. Joy, mi esposa, tuvo la valentía de dejar su tierra y venir conmigo a vivir al páramo, 240 Km al norte del hogar que la había cobijado hasta entonces. Aguantó y se acostumbró a todas las limitaciones que implica vivir en una ciudad pequeña de provincia, sin centros comerciales, sin supermercados, sin cines y sin mayor variedad de lugares para divertirse. Pero ella es una mujer que prefiere el calor, fisiológicamente trabaja y funciona mejor a temperaturas que ella considera agradables por lo que el único y gran problema que se le presentó acá fue el clima: definitivamente no terminará de acostumbrarse al frío casi permanente y característico de esta tierra del olvido.

Pero es mujer y eso la hace fuerte y esa fortaleza propia de guerrera venusina también hizo que mi condición de marido cambie al poquísimo tiempo a la de mandarido (marido + mandarina).

Y no lo digo con pena o con vergüenza, porque así mismo debe ser. Soy vago y la mejor herramienta para un vago es: delegar. Así que no hay que complicarse tratando de administrar el hogar, simplemente se delega la labor a la esposa y así uno se evita un montón de preocupaciones y trabajo extra sobretodo. Claro, eso vendrá con un precio pero si uno es maleable y no se complica en adaptarse a hábitos, costumbres, procedimientos y reglas que en el fondo no chocan con las nuestras propias y al final son más prácticas o decentes, entonces ese precio no es alto y uno lo paga con gusto.

El primer mes al recibir el sueldo y luego de pagar pendientes y deudas nos quedamos con 10 dólares, y eso por unos 20 que nos regaló la abuelita de Joy. Pobre Joy, no podía con la rabia, la impotencia y la preocupación por saber cómo nos la íbamos a arreglar con un billete de 10 dólares, ella tenía sus ahorros, sí, pero no los podía gastar, no los quería gastar en algo que aunque aparentaba ser una emergencia se suponía que era responsabilidad mía. Es parte de su política ahorrativa que aunque parezca muy rígida al final nos ha resultado muy buena.

¿Cómo nos salvamos de esa? Con un milagro, un milagro que se llama papás. Mis papás prácticamente nos dieron de comer el primer o los dos primeros meses, el rato menos pensado pasaban dejándonos algunos víveres y algunas compras del mercado además de que llegamos al acuerdo (que hasta hoy lo cumplimos con muchísimo gusto) de ir a comer a su casa todos los miércoles.

Salvando los escollos iniciales, siguiendo las “reglas” impuestas por la administradora del hogar y aprendiendo a ser menos servido, cabreado e impaciente poco a poco hemos ido avanzando. Todavía no tenemos sala y en nuestro caso la sala-comedor es literalmente eso: una sala con una mesa de comedor, si llegan visitan pues deben sentarse en las sillas del comedor, no queda de otra. No tenemos muebles de sala pero ya nos hemos ido armando de otras cosas que uno como hombre jamás ni siquiera hubiera pensado en comprar porque ya las daba por hecho, otra razón más para no meterse de administrador del hogar.

¿Tanto por un colchón?, ¿con sólo ese sartén no se podrá cocinar todo?, yo pensaba que el detergente, jabón, trapeadores y lavaplatos corrían por parte del estado… son algunas de las frases que uno ingenuamente como hombre las dice cuando acompaña a la esposa a comprar cosas para la casa.

Tengo tantas cosas que les puedo contar sobre como la hemos pasado estos dos primeros años de matrimonio pero ya les dije: soy vago. Así que en resumen podría decir que el matrimonio es un mal necesario, es como el trabajo que en definitiva es bueno, “el trabajo dignifica”, pero que a muchos no les guste ya no es culpa del trabajo, puede ser causa de sus limitaciones o de la falta de oportunidades, pero el trabajo no es el malo. Lo mismo pasa con el matrimonio, ya es cuestión de uno el acoplarse y pasarla bien, o de cagarla si te casas por haber metido la pata (la tercera) o hecho el enamorado y con la rosa idea de que “sin ella no puedo vivir”.

Considero que hay dos aspectos fundamentales para convivir sin llegar a matarse ni aburrirse: ceder y reír. No obstinarse por falso orgullo en decisiones ínfimas y pendejas, hay que saber ceder. Y reír, es lo mejor, nunca perder la espontaneidad y capacidad de hacerse reír mutuamente.

Sé que apenas llevamos dos años, muchos dicen que todavía estamos en la luna de miel y posiblemente así sea pero estoy seguro que esto va para largo y agradezco a la vida por las oportunidades que nos dio para que nuestras vidas se encontraran. Definitivamente estoy con la mejor compañera de vida que pude encontrar.

¡Felices dos años, Joy!

Joy y Fabián

Centro Histórico de Quito, agosto 2009. Fotografía cortesía de Chaulafanita

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