Pecado en viernes santo

Escrito por el Lcdo. Rosalino Auz

Para esa época – de eso acá ha transcurrido más de un medio siglo-una de las festividades religiosas más apegadas al “sentir del buen cristiano”, era la Semana Santa. Los abuelos controlaban demasiado el comportamiento, especialmente de los niños y de los adolescentes. Había que asistir a los actos programados en la iglesia. Toda esa semana era de penitencia, de ayuno, de abstinencia, porque, de lo contrario, todo era pecado. No se podía bañar, porque el agua no estaba bendita y, si desobedecía, podía convertirse en “peje”. En toda la semana santa, no se podía hablar duro, peor jugar o reírse. No podía hacerse nada porque, de lo contrario, se lo ofendía al “taitico”; pero eso sí, había que ir al templo a escuchar el sermón de las tres horas. En realidad era un sermón que duraba ese tiempo: tres horas. Tres horas de estar incómodos en el templo abarrotado de gente, sin la ventilación suficiente; con la mayoría de “fieles” cabeceando, sudando y tantas otras cosas, porque antes de ir al sermón, ya se habían servido los doce platos, comida tradicional que ahora se llama fanesca. El sacerdote era “mejor” si arrancaba lágrimas y sollozos de los penitentes.

En aquella época, Rosendo era estudiante en la U.C. de Quito. Su sueño coincidía con el de sus padres y abuelos: “ser alguien en la vida”. No importa la soledad, los días sin comer bien, la ropa ya pasada de moda y la falta de los reales para tomarse una colita;, lo que importaba, era dedicarse a estudiar, convencido de que la profesión será la única herencia dejada por sus progenitores.

Como todo buen “paisano”, se había dedicado a conocer la ciudad; se había interesado en leer libros con historias y leyendas quiteñas; y, gracias a ello, se sentía más orgulloso de tener a Quito como la capital de su Ecuador. Si esto, por un lado le llenaba de complacencia, por otro lado le hacía sentirse medio raro: el ser ecuatoriano y no conocer el mar. No tenía una idea cabal de lo que aquello sería, si apenas conocía la piscina del “Puetate”, como espacio líquido para nadar. Cómo sería nadar en el mar?. Alguna vez, y de eso estaba seguro, alguna vez iría al mar, a ver cuánta agua.

Rosendo tenía un primo militar. No olvidemos que los carchenses, y más los tulcaneños, por ancestro tienen un espíritu combativo, guerrero, luchador. Si a Rosendo los “puendos” le decían “pastuso”, a él no le incomodaba, porque conocía que él era pastuso y que su ciudad natal no celebraba fechas de independencia, porque jamás conoció la “geometría de la rodilla doblada”. Siempre andaba con prosa, pero medio apenado porque no conocía el mar.

El primo militar de nuestro amigo, estaba desempeñándose como instructor allá en Puerto Bolívar, Provincia del Oro. Qué suerte para su primo el poder disfrutar de “la mar”.

Se aproximaba la Semana Santa. En los templos quiteños ya se comenzaba a preparar el ambiente, adornando los altares con velos violetas o negros. Ya los sermones hablaban de recogimiento, de arrepentimiento, de penitencia. A lo mejor Rosendo, de lo único que podía arrepentirse era de lo que no había hecho, porque hasta para pecar hay que tener plata. Rosendo no tenía nada; bueno, no nada, porque lo que siempre tenía era su bolsillo sin pañuelo y su calcetín remendado.

Bueno, nuestro amigo era un hombre sencillo, respetuoso, humilde y muy dedicado a sus estudios. Confiaba en que Dios no le abandonaba; y, por ello, pensó hasta en un milagro, cuando recibió una carta de su primo: se acercaba la Semana Mayor, tendría unos días de vacaciones y su familiar subteniente, le invitaba a Puerto Bolívar, a conocer el mar; y, de paso, a conocer lo que es la Costa y el gran puerto de Guayaquil. Su primo, como todo un militar pastuso, como todo buen infante que sabe aprovechar el terreno, le había hecho llegar el dinero para los pasajes y un croquis con los pormenores del viaje. Qué emoción: viajar, conocer otros lugares, si él , lo máximo que conocía hacia el sur, era la Villa Flora.

Esa noche, Rosendo no pudo dormir. Parece que hasta había soñado con el mar. Muy por la mañana se levantó y se dirigió a la plaza de Santo Domingo –esa plaza donde “trabajaban” las cariñosas, esas mujeres que sin conocerlo a uno, le dicen “mijo”- a comprar el boleto en la “Flota”. Las nueve horas de viaje se le hicieron cortas, porque le causaba tanta admiración el ir contemplando los paisajes del camino; el comprar golosinas en los lugares donde el bus se detenía; el armarle la “conversa” a la pasajera de al lado; y, sobre todo, el sentir un calorcito húmedo en todo el cuerpo, propio del ambiente de la costa.

Por fin llegó a Guayaquil. Qué “pueblo tan grande”. Qué inmensa la ría –nada que ver con su río Bobo, y peor con el Chana-. Le ponía medio intranquilo el no contemplar todavía el mar.

Ese mismo día, guiándose en la carta de su primo, fue a comprar el boleto para trasladarse a Puerto Bolívar. Al otro día, muy tempranito, estuvo en el malecón para abordar el yate Santa Rosita. Le parecía un sueño: viajar en un barco pequeñito, pero con todos los detalles que él había mirado tantas veces en la revista “peneca”. Qué emoción, si hasta había el capitán – con su gorra, su camiseta a rayas- manipulando el timón. Su imaginación le transportaba a los cuentos de piratas, corsarios y filibusteros.

Tuvo que sacar su pañuelo para refregarse los ojos: ahí, al frente, estaba el mar. La ría desembocaba en esa inmensidad de agua, con reflejos impresionantes del sol; con olas enormes, cubiertas con blanquísima espuma y con sonidos confundidos con el graznar de pájaros marinos. Qué maravilla: muchos de esos pájaros enormes, se lanzaban en picada sobre el agua y salían llevando en su pico, pececitos que movían su cola. Rosendo pensaba: será que se despiden o será que quieren librarse del pico de aquellas aves.

Eran las cuatro de la tarde. El yate con su pito, largo y estruendoso, hizo dúo con el ruido de las olas al chocarse con el muro de puerto. Ahí estaba Puerto Bolívar. Mucha gente en el muelle esperaba a los viajeros. A nuestro viajero le causó extrañeza el no ver a su primo entre la gente; sin embargo, al bajar con su maletita, un soldado se le acercó y le saludó por su nombre. Cómo ese militar le había reconocido?. Muy fácil: su primo, el oficial, le había ordenado al soldado, que fuera a esperarlo; y, para reconocerlo, le había dado una fotografía. Bueno, por algo hay militares que son “infantes”.

Después de los saludos muy cordiales con su primo, y luego de una deliciosa merienda, Rosendo se fue a descansar, no sin antes haberse frotado caladril en los cachetes, porque estaban “morados” por el sol de toda la travesía en el “Santa Rosita”.

Al día siguiente, miércoles santo, Rosendo –después de coger su jabón de rosas- se fue al muelle; es que quería bañarse en el mar –no importa que el agua no esté bendita y que, a lo mejor, se convierta en “peje”-. Se desvistió, se colocó su pantalón de baño “tarzanero” y, como hacía en el vado ancho, se lanzó. Lo primero que hizo al caer , fue tomarse un bocado para comprobar si en verdad el agua del mar era salada. Medio atorado con el líquido salobre, dio la razón a sus profesores, cuando le hablaban de la salinidad del océano.

El ”pastusito”, hecha ya su primera comprobación, salió del agua y se jabonó para completar su baño. Qué raro: el jabón no hacía espuma. Un par de ancianos que, en un corredor de una casita del malecón jugaban a las cartas, no paraban de reírse mirando al bañista que se fregaba y no le hacía espuma; se cortaba el jabón de rosas. Asimismo será , o es que eso pasa por bañarse en día santo, pensaba.

El Jueves Santo, nuestro viajero pasó por otro “mal rato”: en el casino de oficiales, a la hora del almuerzo, en medio de todos los oficiales de esa plaza, le sirvieron un segundo consistente en una tabla con dos “tarántulas”, pero bien grandes y medio coloradas. Junto a esos animales, estaba un martillo de madera y un plato con tostado y chifles de plátano. Poco le faltó a Rosendo para salir corriendo. Nunca en su vida había visto eso y peor que los compañeros de mesa le insinuaran a que se los sirva. En medio de risas y bromas de los milicos, le “enseñaron” la manera de cómo disfrutar de los cangrejos, un plato exquisito de la gastronomía costeña.

Según los mayores, y sobre todo su abuelita, el día más sagrado de la Semana Santa, era el viernes. Ni siquiera se podía pisar duro al caminar.

Justo ese día, el viernes, en Santa Rosa había una fiesta. Todos los oficiales tenían que asistir; y, Rosendo, haciéndose pasar por subteniente, también debía concurrir al baile. En Santa Rosa, en un salón elegantísimo, estaba el escenario donde afinaban sus instrumentos los integrantes de una orquesta buenísima. El cantante, un solista vestido al estilo de Pérez Prado, era el centro del espectáculo. Comenzó la fiesta. Las “monas”, unas maestras para el baile. Los militares, como buenos “infantes”, aprovechaban el terreno. El licor y los cigarrillos completaban el ambiente. Qué hermosura de fiesta…… Y lo que era viernes santo?

Al otro día, sábado de gloria, medio “maluco” por las copas de la noche anterior, el paisanito y su primo se fueron a descansar a la arena de la playa de Bajoalto. Ni siquiera la maravilla de ese sol, allá en el horizonte, entre nubes y gaviotas, ni la arena blanca tapizada con corales y conchas, podían quitarle ese remordimiento de conciencia: había pecado en tierra ajena y en pleno viernes santo. Se lo bailó al “taitico”. Será que el padre Basilio le perdonará ese pecado en viernes santo?

60 meses

Estoy escribiendo este post con algo de retraso, hace 4 días cumplimos con Joy, mi esposa, 5 años de casados.

Estamos saliendo de lo que posiblemente ha sido el año más duro de nuestro matrimonio hasta ahora, las cosas han sido duras pero lo bueno también se ha hecho presente y la vida nos ha regalado algunos guiños y una que otra sonrisa.

Nuestro hijo Joaquín nos vino a dar una vuelta completa a nuestras vidas, más que una vuelta completa nos lanzó contra las cuerdas, nos hizo una “doble Nelson”, luego nos dio una patada voladora, nos lanzó fuera del cuadrilátero y nos partió un par de sillas en la espalda… pero ya nos estamos recuperando, es más; ahora no solo que somos compañeros de lucha de Joaquín sino que vendríamos a ser como sus managers.

No importan los años que pasen ni la edad que tenga, cada vez que caigo en cuenta que soy un adulto con responsabilidades de “grande”,  con esposa, con hijo, con casa, con hipoteca, con servicios básicos a mi nombre, con declaraciones (atrasadas) al fisco, etc, cada vez me doy cuenta que no me siento ese “adulto responsable” y no sé si eso será bueno o malo. Posiblemente Joy y yo todavía no hemos acabado de formarnos ni de crecer y ya somos responsables de la formación y crecimiento de otro ser humano, es increíble.

Pero es más increíble como las sonrisas de nuestro hijo, sus travesuras, sus pequeños pero a la vez gigantes descubrimientos, sus intentos de nuevas palabras, su cariño puro, su inocencia, su vitalidad y su energía van más allá de cualquier dificultad que podamos tener y se vuelven en el combustible que nos permite seguir caminando y creciendo juntos, en familia.

Por cuestiones de (falta de) presupuesto no podemos contratar a alguien que nos ayude con las cosas de la casa o con el Joaquín y por ocupaciones, tiempo y distancias tampoco tenemos la suerte de tener mamás, suegras, hermanas o abuelas que puedan ayudarnos con la carga doméstica o de crianza y cuidado de nuestro hijo. Esto creo que es lo que nos ha complicado un poco, aunque también habría que sumarle todo el tiempo que tuve que dedicarle al trabajo el año pasado, tiempo que originalmente estaba destinado para mi familia, pero gracias a la tenacidad, paciencia, multitarea y capacidad de organización de mi esposa lo estamos logrando, gracias a ella nuestra casa es nuestro hogar, gracias a ella nuestra familia está empezando a sentar cimientos fuertes y raíces robustas.

Por eso quiero agradecerle a la Joy todo lo que ha hecho por nosotros, por su paciencia, por su cariño, por su fortaleza, por su liderazgo, por su amor.

Estamos retomando (lentamente) la vida para nosotros, como pareja y como individuos, retomar ese tiempo que es necesarios que tengamos, ese espacio individual y de “solo los dos” que también es importante. Han sido 5 años maravillosos, como la vida, llenos de alegrías y penas, de tranquilidad y de momentos difíciles, de paz y de desequilibrio, pero en cada uno de esos momentos siempre ha habido un factor común: el amor, ese amor que es el que permite que enfrentemos a la vida juntos.

Gracias Joy! te quiero, te quiero mucho.

Seguros

Al fin la habíamos recibido y junto con la emoción y la alegría de tener casa propia también nos asaltaron algunas preocupaciones adicionales a los pagos mensuales de la hipoteca. Una de esas preocupaciones era la seguridad.

Aunque la casa estuviera en un conjunto residencial no había mayor garantía de estar seguros y protegidos de los ladrones. No había un guardia como tal, solo un conserje que terminaba su turno a las 8 de la noche y del cual muchos vecinos sospechaban porque en el último mes y medio ya habían habido 3 robos dentro del conjunto, coincidencialmente desde que el nuevo conserje había llegado.

Esa noche pasó el cuarto robo, nuestro perro y los perros de la vecina sintieron a los ladrones, mi esposa y yo nos levantamos y miramos por todas las ventanas, no logramos observar nada. A la mañana siguiente la noticia del nuevo robo en las dos casas siguientes a la nuestra alarmó a la vecindad.

Me pregunté por qué robaron esas casas y no la nuestra y me supuse que posiblemente, con complicidad del conserje, los ladrones sabían que en esas casas habían mujeres solas porque sus esposos trabajan en petroleras en el oriente y no estaban en la ciudad. Mi esposa tenía otra teoría: no nos robaron porque nosotros como protección teníamos alrededor de nuestro jardín sembradas plantas que hace algunos días habíamos ido a sacar del cementerio.

Yo sabía que una de las costumbres para “proteger” una vivienda era tener algún resto humano (huesos, cráneo, etc) en la casa pero con mi esposa me vine a enterar lo de las flores de cementerio.

Algunos años después dejamos la casa sola varios días para irnos a un paseo familiar y poco antes de regresar recibimos una llamada de nuestra vecina en la que alarmada nos contaba que había acabado de escuchar fuertes ruidos, como de pelea, en nuestra casa pero que ya habían calmado y que no se veía nada raro. Volvimos inmediatamente y encontramos dos cosas que nos parecieron raras: una huella de bota en una de las paredes del jardín trasero, como si alguien eludiendo el cerco eléctrico hubiese trepado a la pared y bajado a nuestro jardín y algo de tierra en la pequeña vereda junto a algunas de las plantas. Esto último nos pareció raro porque habíamos dejado limpia esa vereda luego de haber cortado el jardín horas antes de salir a nuestro viaje.

Pasó el tiempo y un fin de semana un amigo nos encargó a su pastor alemán para que lo cuidáramos mientras él salía fuera de la ciudad. En la primera noche de su estadía se dedicó a cavar en nuestro jardín trasero y en la mañana nos encontramos con el pastor alemán mordiendo lo que parecía ser un fémur junto al hueco que había cavado en el centro del jardín.

Al acercarme verifiqué que efectivamente se trataba de un hueso humano y pude ver sobresaliendo de entre la tierra un cráneo. Me armé con la pala y agrandé el agujero, mi esposa bajó y sin exaltarse ni asustarse demasiado por el inusual encuentro en el jardín también me ayudó.

En los restos de las ropas encontramos una billetera que, entre algunas cosas, tenía una cédula de identidad que seguramente pertenecía al huesudo huésped que el perro había descubierto.

De acuerdo a la fecha de emisión de la cédula el cuerpo llegó ahí cuando nosotros ya estábamos viviendo en nuestra casa. Nos miramos con mi esposa y sin pronunciar palabra nos pusimos de acuerdo y sabíamos lo que teníamos que hacer.

Le quitamos el fémur al perro, volvimos a cubrir con tierra la osamenta, tapamos completamente el hueco y con otra mirada nos pusimos de acuerdo en no contarle nada de esto a nadie.

Ahora teníamos doble protección: las flores de cementerio y los restos humanos.

Cuatro

Hoy cumplimos cuatro años de casados. Los últimos ocho meses han sido una revolución completa.

Y es que ahora somos padres, hemos vivido el cambio más fuerte en nuestro matrimonio, ya no somos dos, ahora somos tres… en realidad somos uno solo que ha secuestrado la vida de los otros dos, la vida como la conocíamos.

Ser padres es una experiencia única, alucinante, incomparable en muchos aspectos. Más allá de la emoción que sientes por cada cosita nueva que aprende a hacer tu hijo y de ese amor inevitable que sientes por él, está la verdadera revolución; el trauma que causa su llegada sobre todo cuando te das cuenta que estabas acostumbrado a pensar y vivir egoístamente en un universo de dos personas. La independencia, esa libertad de dos es la más golpeada y la que más se hace extrañar.

Todavía seguimos en la etapa del stress post-traumático, el que confío disminuirá mucho cuando dejemos nuestro apretado nido actual y podamos ocupar el hogar que será propio luego de 300 cuotas mensuales y desaparecerá en no mucho tiempo después del cambio y estará ausente al menos hasta que aparezca otro heredero.

Un hijo es una bendición, es cierto, y todo el mundo te lo dice. Lo que no te dicen los muy malvados es que bajos ciertas condiciones esa bendición también es una de las pruebas más complejas de la resistencia de la relación y del amor entre pareja. Tal vez no te lo dicen porque en realidad no se acuerdan o porque el trauma es tal que prefirieron olvidarlo, en cualquier caso también estoy seguro que llegará el momento en que si no es por este post casi ni nos acordaremos.

Todavía no aceptamos por completo que debemos dejar ir, al menos por un buen tiempo, la vida y los planes que teníamos pero ya casi, casi estamos por llegar a ese punto de abandonarnos por completo y por entero a la causa de nuestro secuestrador. Intentamos aferrarnos con las uñas pero sabemos muy claramente que de nada servirá.

Han sido 8 meses maravillosos y terribles a la vez,  enriquecedores y que han puesto a prueba el temple de lo forjado en los años anteriores. Nosotros no somos de decir un “te amo”, no nos convence su teatralidad ni su sonido banal, trillado y telenovelesco. Creemos en el amor pero no en los “te amo”. Y sí, con cada año creo más en el amor, con este año que ha valido por 5 creo aún más en él, creo en ese amor que hoy está materializado físicamente en nuestro hijo, creo en el amor que te revuelve todo, que te lleva al éxtasis más grande pero que también puede torturarte en la más negra oscuridad.

Creo en vos, Joy. Más que nunca creo en vos y espero que te des cuenta que puedes creer en mí y en nuestro amor. No estás sola, no estoy solo… hoy somos tres y de todo esto saldremos más fuertes y mejor parados que nunca.

Si ya sobrevivimos hasta aquí, el resto es papaya :)

Nadie dijo que iba a ser fácil. ¡Felices cuatro años!

El mandarido amateur cumple 3 años de funciones

Este blog ha quedado para ser una bitácora de nuestros aniversarios de bodas. Hoy le toca el turno al post del tercer año.

Es cursi y es trillado pero “qué rápido que pasa el tiempo”. Un año no es nada pero puede servirte para aprender mucho, más aún en una relación que involucra la convivencia diaria de dos animales medio racionales.

No soy perfecto, ella no es perfecta y eso no es malo más bien ¡es perfecto! Pero creo que hemos ido limando de a poco nuestras imperfecciones, acoplándonos, aprendiendo mutuamente, retroalimentándonos. Y en este aprendizaje continuo te vas dando cuenta, como mandarido, que escuchar es una cualidad importantísima que las mujeres buscan y necesitan en un hombre.

¿Cuál es el problema? el estimado lector masculino ya lo sabe: los hombres no tenemos el chip configurado para escuchar y procesar lo que nos entre por los oídos y que tenga una frecuencia de voz femenina especialmente cuando el encabezado del paquete de datos que contiene al mensaje del ser de Venus no está relacionado ni con comida, el deporte de tu preferencia, juegos de video (o temás tecnológicos, películas de acción, etc), carros o sexo.

Es así que este año he intentado hackear un poco el chip y prestarle más atención a lo que dice mi esposa. Es difícil, largo, nunca lo lograrás del todo pero es posible avanzar en ese aspecto. Al inicio realmente no la escuchaba si me hablaba de la ropa que había visto, de lo que había comprado en el minimercado, de lo que teníamos que comprar para el aseo de la casa, etc. Luego tampoco la escuchaba pero generé un reflejo condicionado, creé un diccionario con algunas palabras como “ah, sí, bonito, ajá, me parece bien, ¿y después?, qué bueno” y un script al azar las elegía para irlas pronunciando mientras ella me contaba algo.

Pero no puedes seguir así, tarde o temprano se darán cuenta o tú mismo metes la pata y te haces descubrir. Por ejemplo:

– (Oh, la Joy se ha comprado aretes nuevos. La voy a sorprender comentándole que le quedan bien para que se de cuenta que sí le pongo atención a esos detalles) Están lindos tus aretes nuevos, te quedan muy bien ¿te los compraste ayer?

– ¡Ves que nunca me escuchas! la semana pasada te conté que me los compré e incluso te los mostré.

Es así que el hackeo del chip debe ir acompañado de un cambio de firmware también y ahí es cuando recién inicias a escucharla.

No importa si alguna cosa no te interesa, te aburre o no conoces los términos que las mujeres se inventan para llamar a las cosas (y ni topemos el tema de los colores, los hombres sólo conocemos 8), aprende a escucharlas porque a la larga si ven que no pueden contarte esas cosas aparentemente sin importancia luego podrían terminar sin contarte cosas realmente importantes y decisivas.

Básicamente ese ha sido mi gran avance en este año. Además nos queremos mucho, nos respetamos, nos preocupamos el uno del otro, estamos esperando nuestro primer hijo y nos reímos, siempre nos reímos. Ese sigue siendo mi consejo al igual que el año pasado y lo reproduciré exactamente igual: reír es lo mejor, nunca hay que perder la espontaneidad y la capacidad de hacerse reír mutuamente.

¡Felices tres años Joy! gracias por ponerle luz, orden y amor a la vida de este panzón que te quiere mucho.

El Nego y la Neja

(Foto robada de la cuenta de Facebook de la So)

Dos años: crónica de un mandarido amateur

Hace dos años (un 29 de marzo) dejé la soltería y de ser el típico soltero machista y “servido”, con una nula capacidad de ahorro e inexistentes habilidades para administrar un familia pasé a ser “el rey del hogar” que empezábamos a formar.

Endeudado, poco tolerante, impaciente y cabreado, así empecé esta vorágine llamada matrimonio. Joy, mi esposa, tuvo la valentía de dejar su tierra y venir conmigo a vivir al páramo, 240 Km al norte del hogar que la había cobijado hasta entonces. Aguantó y se acostumbró a todas las limitaciones que implica vivir en una ciudad pequeña de provincia, sin centros comerciales, sin supermercados, sin cines y sin mayor variedad de lugares para divertirse. Pero ella es una mujer que prefiere el calor, fisiológicamente trabaja y funciona mejor a temperaturas que ella considera agradables por lo que el único y gran problema que se le presentó acá fue el clima: definitivamente no terminará de acostumbrarse al frío casi permanente y característico de esta tierra del olvido.

Pero es mujer y eso la hace fuerte y esa fortaleza propia de guerrera venusina también hizo que mi condición de marido cambie al poquísimo tiempo a la de mandarido (marido + mandarina).

Y no lo digo con pena o con vergüenza, porque así mismo debe ser. Soy vago y la mejor herramienta para un vago es: delegar. Así que no hay que complicarse tratando de administrar el hogar, simplemente se delega la labor a la esposa y así uno se evita un montón de preocupaciones y trabajo extra sobretodo. Claro, eso vendrá con un precio pero si uno es maleable y no se complica en adaptarse a hábitos, costumbres, procedimientos y reglas que en el fondo no chocan con las nuestras propias y al final son más prácticas o decentes, entonces ese precio no es alto y uno lo paga con gusto.

El primer mes al recibir el sueldo y luego de pagar pendientes y deudas nos quedamos con 10 dólares, y eso por unos 20 que nos regaló la abuelita de Joy. Pobre Joy, no podía con la rabia, la impotencia y la preocupación por saber cómo nos la íbamos a arreglar con un billete de 10 dólares, ella tenía sus ahorros, sí, pero no los podía gastar, no los quería gastar en algo que aunque aparentaba ser una emergencia se suponía que era responsabilidad mía. Es parte de su política ahorrativa que aunque parezca muy rígida al final nos ha resultado muy buena.

¿Cómo nos salvamos de esa? Con un milagro, un milagro que se llama papás. Mis papás prácticamente nos dieron de comer el primer o los dos primeros meses, el rato menos pensado pasaban dejándonos algunos víveres y algunas compras del mercado además de que llegamos al acuerdo (que hasta hoy lo cumplimos con muchísimo gusto) de ir a comer a su casa todos los miércoles.

Salvando los escollos iniciales, siguiendo las “reglas” impuestas por la administradora del hogar y aprendiendo a ser menos servido, cabreado e impaciente poco a poco hemos ido avanzando. Todavía no tenemos sala y en nuestro caso la sala-comedor es literalmente eso: una sala con una mesa de comedor, si llegan visitan pues deben sentarse en las sillas del comedor, no queda de otra. No tenemos muebles de sala pero ya nos hemos ido armando de otras cosas que uno como hombre jamás ni siquiera hubiera pensado en comprar porque ya las daba por hecho, otra razón más para no meterse de administrador del hogar.

¿Tanto por un colchón?, ¿con sólo ese sartén no se podrá cocinar todo?, yo pensaba que el detergente, jabón, trapeadores y lavaplatos corrían por parte del estado… son algunas de las frases que uno ingenuamente como hombre las dice cuando acompaña a la esposa a comprar cosas para la casa.

Tengo tantas cosas que les puedo contar sobre como la hemos pasado estos dos primeros años de matrimonio pero ya les dije: soy vago. Así que en resumen podría decir que el matrimonio es un mal necesario, es como el trabajo que en definitiva es bueno, “el trabajo dignifica”, pero que a muchos no les guste ya no es culpa del trabajo, puede ser causa de sus limitaciones o de la falta de oportunidades, pero el trabajo no es el malo. Lo mismo pasa con el matrimonio, ya es cuestión de uno el acoplarse y pasarla bien, o de cagarla si te casas por haber metido la pata (la tercera) o hecho el enamorado y con la rosa idea de que “sin ella no puedo vivir”.

Considero que hay dos aspectos fundamentales para convivir sin llegar a matarse ni aburrirse: ceder y reír. No obstinarse por falso orgullo en decisiones ínfimas y pendejas, hay que saber ceder. Y reír, es lo mejor, nunca perder la espontaneidad y capacidad de hacerse reír mutuamente.

Sé que apenas llevamos dos años, muchos dicen que todavía estamos en la luna de miel y posiblemente así sea pero estoy seguro que esto va para largo y agradezco a la vida por las oportunidades que nos dio para que nuestras vidas se encontraran. Definitivamente estoy con la mejor compañera de vida que pude encontrar.

¡Felices dos años, Joy!

Joy y Fabián

Centro Histórico de Quito, agosto 2009. Fotografía cortesía de Chaulafanita

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CeroCuatro.net: seis jodedores de madres años

Este blog, este querido diario, este intento de aprender algo de HTML, este plan para conseguir mujeres to get laid, esta hoja virtual de un cuaderno de “borrador” que no existe físicamente ha cumplido 6 años el 9 de agosto de 2009, la víspera del bicentenario del primer grito de la independencia dado en Quito. Un día antes de los 194 años de ese primer grito yo lanzaba el primer rebuzno en este espacio.

Un blog, más que a una persona creo que se parecería a un perro y con esa consideración los 6 años significarían que está más viejo que joven, más cerca de su muerte que de su venida al mundo, más aletargado que despierto. Y así mismo es, todo cambia, evoluciona, muta y se adapta a las nuevas condiciones, o se muere. Cualquier opción es posible aunque alguna sea más válida que la otra dependiendo del ojo con el que se mire.

Hace seis años me enteraba de lo que un blog era y decidí “montar” el mío propio. Pero nada de servicios de hospedaje gratuitos ni cosas por el estilo, la idea era hacer las cosas como hombre, con machete y con las herramientas que el poco nivel de “nerdura” me lo permitían y así fue que CeroCuatro se publicó en una instalación de la versión prehistórica de Movable Type de aquel entonces sobre una computadora celeron de 1.1GHz con 256MB en RAM, Windows 98, Perl, Apache y una IP pública.

Seis años después el blog sigue online, ya no con la misma frecuencia, ya no con el mismo objetivo, ya no con la misma emoción del novato pero sigue, se mantiene. Pocos son los que se acuerda de Phantom y eso no es malo porque afortunadamente son más los que se acuerdan y me reconocen como @AuzFabian, un yo “más yo” por decirlo de alguna manera.

Twitter, Facebook, la web social, la onda DosPuntoCero, todo eso es parte de la evolución natural de la interacción del humano con la internet y entre humanos a través de la web. Tendencias que, al ser un fanático de la tecnología y el internet light, seguiré y usaré a medida que vayan apareciendo, cambiando y avanzando. Seguiré siendo un habitante más de este mundo interconectado pero la visión, prioridad y entusiasmo con las que use sus herramientas irán cambiando, tal como los cambios de estos últimos 6 años lo demuestran.

Si quiero hacer un balance puedo asegurar que seis años de CeroCuatro han sido favorables y positivos. He hecho amigos, he conocido gente interesante y valiosa, he tenido pretextos para viajar y conocer otras ciudades, conocí a mi esposa gracias al blog, ha pasado mucha cerveza bajo el puente del relajo bloguero, en definitiva: la he pasado bien.

Se vienen un par cosas relacionadas de alguna manera con el blog, pero CeroCuatro seguirá siendo mi “querido diario”, ya está hecho a ese dolor. Me hubiera gustado alcanzar a lanzar hoy un proyecto en el que estoy trabajando, pero no está listo todavía así que lo dejo pendiente, pero sí me gustaría anunciar el regreso de lo que considero una de las mejores experiencias dejadas por el blog: Radio 04.

Desde el martes 18 de agosto Radio 04 vuelve. Stay tuned.

Gracias a los que han estado desde el inicio, gracias a los que estuvieron en su momento, gracias a los nuevos visitantes y lectores, gracias a CeroCuatro por haberme acompañado en estos últimos seis años.

BarCamp Guayaquil 2009: nos vemos en el Guayas, pana.

Señoras, señores, señoritas y señoritas: si saben lo que es un blog, si han escuchado alguna vez de Twitter o si por lo menos saben la diferencia entre un buscador y un navegador posiblemente ya se enteraron de uno de los geek-eventos más grandes que ha parido el Ecuador: el BarCamp.

Ya hay casi 200 inscritos de varios lugares del Ecuador y también habrán invitados internacionales. Hasta su humilde servidor estará por esos lares compartiendo con toda la comunidad ecuatoriana de locos 2.0.

Si aún no se enteraban del evento, aquí los dejo con el comunicado de prensa oficial. ¡Nos vemos en Guayaquil, you mother fathers!

BarCamp Guayaquil 2009

Más de veinte expositores confirmados

BARCAMP GUAYAQUIL 2009, EN CUENTA REGRESIVA

Faltan pocos días para que el primer BarCamp de Guayaquil se convierta en realidad.

Este 27 de junio, nadie se puede perder la jornada de conferencias abiertas y participativas sobre tecnología, redes sociales y la sociedad de la información.

El punto de encuentro será la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Campus Prosperina), de 09:00  a 17:00.

Decenas de expositores de diferentes partes del país se movilizarán hasta esta ciudad para compartir experiencias con los asistentes al evento.

A continuación, estos son algunos de los temas que se abordarán:

Tema Expositor
Usuarios Ecuatorianos en la Web 2.0 Alfredo Velazco
Microblogging Eduardo Palacios
Ruby on Rails Maximiliano Cáceres
¿Cómo dar vida a blog? 3era Edición Vicente Riofrí
Usuarios vs. Administradores de redes sociales, peligros para la Web 2.0 Josué Jordán
Internet en Ecuador: Calidad y Costos Hugo Carrión
Emprendimiento web en Ecuador: Experiencia y consideraciones María Eugenia Ramírez
La nueva televisión: De la onda de radio a los bits Fabián Auz
Creando aplicaciones web/sms 2.0 con cloud computing y open source Eduardo Raad
De lo Off-Line a lo On-Line y viceversa Fabricio Echeverría
Redes sociales y las empresas : temores / ventajas – Algunos casos de éxito Roberto Esteves
Mercado de Nombres de Dominio Byron Mayorga
Moblogs – blogs en movimiento Paúl Barahona
¿Por qué es importante usar Tags? José Sandoval
El Rock 2.0 Vivian Tomalá
EcuaChina Danny Dávila
Ventas por Internet y posicionamiento Alfredo Velásquez
Experiencias en el desarrollo de EcuadorEnVivo.com Oscar Berna
Del software propietario al software libre Jairo Cano
Contenido Generado por los Usuarios Vicente Ordónez
CMS Joomla Álvaro Guachilema
Integrando Redes Sociales con Aplicaciones ASP.NET/Silverlight Carlos Figueroa
Blogs para activismo pólitico, social y ciudadano. Sacandole el jugo a wordpress Diego Herrera
Miles de mentes piensan mejor que una Leonardo Gavidia

Evan ‘Rabble’ Henshaw-Plath, invitado especial

Este año, el invitado especial del evento es el norteamericano Evan ‘Rabble’ Henshaw-Plath, desarrollador y activista digital, que fue parte del equipo creador del sistema de mibroblogging Twitter.

A más de ser conferencista, ‘Rabble’ fue arquitecto en jefe de Odeo y ha trabajado en proyectos de Yahoo!. Fue co-autor del libro “Testing and Debugging Ruby on Rails” de O´Reilly

Él estará presente en el BarCamp para compartir sus experiencias e intercambiar ideas con el público.

Mensaje de Chris Messina, co-fundador de BarCamp

Este personaje fue uno de los creadores del movimiento mundial del BarCamp, que se inició en el 2005, en la ciudad de Palo Alto (California).

Acerca del evento, Messina comenta que “nunca intentamos hacer algo inmenso”, pero sin lugar a dudas en poco tiempo se ha convertido en uno de los fenómenos mundiales, que más acogida ha tenido en la comunidad digital.

“BarCamp es como el espíritu experimental puesto en un evento colaborativo (…) lo más importante es que la gente sienta este evento como suyo”, manifestó es un video dedicado especialmente para el BarCamp Guayaquil 2009.

Para ver el video completo, ingresar a la siguiente dirección http://ow.ly/eFJA

Enlaces útiles

BarCamp Guayaquil 2009 es organizado por la Fundación de Ayuda por Internet (Fundapi), con la colaboración del Club Digital de la ESPOL y la comunidad de usuarios de Internet del Ecuador.

Sus auspiciadores oficiales son la Escuela Superior Politécnica del Litoral, Samsung, Infodesarrollo y Yamburara.com.

Atentamente,

Contacto: Lic. María Villavicencio

Celular:    087-167-636

Correo: maru.bourne@gmail.com

Twitter:    @maru_bourne

Fiebre de sábado por la noche

Estábamos en Coco del Mar, no mostraba todavia la espectacularidad superflua  que tiene hoy pero ya se perfilaba como uno de los sectores más exclusivos de Ciudad de Panamá. La casa del Colorado Emaldi, el hijo del embajador argentino, era aquella vez el punto de reunión de aquel grupo multicolor de niños bien de los más variados puntos de Latinoamérica, entre ellos yo como el único ecuatoriano.

Luego de algunos cubas libres, cortesía del bar del señor embajador, y algunos porros de material de calidad gracias a los contactos del Colorado con “importadores” de la vecina república de Colombia salimos hacia la siguiente parada: la Cabañita de Chuy, un sencillo restaurante en el que se podía encontrar los mejores platos del mar a los mejores precios en la dolarizada Ciudad de Panamá. Mientras esperábamos que Chuy, el mexicano que encontró en Panamá a lo que él llamaba su verdadero hogar y el paraíso con las mejores mujeres y que personalmente atendía el local, llegue con nuestro pedido comentábamos sobre la captura y muerte de Pablo Escobar Gaviria un par de meses atrás. Brindamos con nuestras cervezas por el ya legendario capo del narcotráfico mientras Garzón, uno de los colombianos del grupo, aseguraba que pronto alguien exhumaría los restos para verificar si en verdad es Escobar quien estaba enterrado. Su profecía de la exhumación apenas se cumpliría doce años más tarde.

Con toda el hambre producida por no haber desayunado al haberme levantado casi al mediodía, el ron, la marihuana y no haber probado bocado hasta las 5 de la tarde, devoré el plato de arroz con camarones que había pedido. Luego de una ronda más de cervezas salimos hacia el destino que marcamos para finalizar otro sábado más de derroche y perdición: el Moulin Rouge (no sé si es idea mía pero el 70% de países deben tener un night club con ese nombre). Era temprano pero era un sábado especial en el Moulin así que el timing era perfecto. La “noche de novatas” nos estaba esperando desde antes que empiece la noche en el exclusivo club para caballeros.

Al momento de entrar al antro dejábamos de ser un pelotón unido y de trabajo en conjunto, cada uno pedía cuentas por separado y empezaba su misión individual de conquista cabaretera, el objetivo era demostrarles a nuestros pares quién podía ganar esa batalla saliendo con el mejor botín de guerra; la mejor chica del lugar, el mayor número de chicas, conseguir llevarse a una o varias de las chicas sin pagar nada, en fin, las categorías en las que se podía aplicar eran variadas.

No me interesaba mucho levantarme con el mejor trofeo esa noche, además el Colorado Emaldi casi siempre nos ganaba, así que opté por relajarme, aplicar mis tácticas sin esforzarme demasiado y dejar que la noche, el humo, el alcohol, las mujeres y la música me lleven donde tengan que llevarme.

Lina fue la escogida, o yo fui su víctima tal vez es lo que debería decir. Al notar que era colombiana le canté un par de líneas de “Matilde Lina” que para ese entonces había popularizado Carlos Vives. La muchacha reconoció la canción y agradeció el gesto, también pidió media botella de ron con “soda” que solicitó al mesero agregue a mi cuenta sin habérmelo consultado.

Media botella más de ron después ya me encontraba cerrando en caja mi abultada cuenta y Lina bajaba a mi encuentro con un abrigo y su cartera. Ese fin de semana mis papás y hermana habían ido a pasar, junto con otros agregados militares de varios países, en la casa de campo del sub secretario de relaciones internacionales de Panamá. Yo esquivé la invitación aduciendo que tenía una cita con mi novia, la hija del cónsul de Guatemala, con quien habíamos llegado a un arreglo de simular nuestro noviazgo para cubrir nuestras espaldas. Éramos demasiado parecidos que una verdadera relación entre los dos no habría funcionado, pero en las condiciones en que la manteníamos era perfecta para nuestro planes individuales.

Con la casa sola decidí llevar a Lina hacia allá para ahorrarme lo del hotel y más bien invertir eso en comprar algunos gramos de diosa blanca para rematar la noche como se debía. Además esta era otra técnica aprendida en los años de haber vivido de país en país acompañando a mi papá en sus servicios diplomáticos y de haber conocido a muchos en mi misma condición pero con más y mejores mañas. Si vas a armar la fiesta en casa de tus padres no debes fumar marihuana, el olor es escandaloso y luego de una noche de juerga la resaca iba a impedir que puedas desaparecer el rastro dejado por su característico aroma, escoge cocaína y podrás salvarte sin que sospechen ya que es más fácil limpiar su evidencia.

Luego de dos líneas de coca no me importó respetar la habitación de mi hermana y la convertimos en una arena romana. Sentí que sudaba como nunca en mi vida, las sábanas se pegaban a mi cuerpo. La coca, Lina, la luz tenue, la música que habíamos colocado, todo me transportó a otro mundo hasta que quedé dormido cubierto en sudor.

Abrí los ojos y escuché ruidos en la planta baja, posiblemente dormimos demasiado y mis papás habían llegado. No me equivoqué, me levanté de la cama llevándome sin querer las sábanas y dejando el cuerpo desnudo de Lina visible cuando me di cuenta que mi madre llegaba a la puerta del cuarto de mi hermana, puerta que nunca cerramos.

¡Horror! eso fue lo que sentí. Imaginé los próximos años de mi vida, destinado a pasar mis estudios en academias militares y sin mesada como castigo por haberles hecho ver que su hijo no era el héroe ni esa imagen de modelo a seguir que tanto me había costado formarme ante ellos para poder ejercer mi verdadera y depravada personalidad sin que ellos se preocupen ni enteren, ya saben la aplicación práctica del “aprende a decir siempre la verdad para que te crean cuando estás mintiendo”.

La voz cariñosa y calmada de mi mamá me desconcertó, en un parpadeo estaba ahora en mi cama, bañado en sudor, con un suero en mi brazo y mi mamá pidiéndome que me incorpore para tomar una pastilla.

El arroz con camarones me había provocado una intoxicación extrema, mis papás nunca fueron a ninguna parte ese fin de semana para quedarse cuidándome, yo nunca conocí a Lina y me salvé de haber expuesto mi reputación… aquella ocasión.